31.8.07

El tiempo pasa...

Parece que fue ayer cuando escribí por última vez en El Pizarrin y han pasado 29 días. El tiempo pasa...mejor cuando se disfruta mucho, como he intentado hacer este verano.

Antes de nada agradeceros, a todos los que os habéis pasado por aquí, vuestra visita. Espero que ahora que empezamos el trabajo diario, el Pizarrín sea capaz de llevaros ratos de reflexión, propuestas de trabajo y algún que otro divertimento. Y como dicen que las penas, por el Lunes que se avecina, con pan son menos, os dejo un vídeo para el que os propongo un juego. El vídeo (perdón por la calidad)es de Pepe Da Rosa y sus famosas sevillanas de los 4 detectives. Probad a parar la reproducción e intentad adivinar la letra. Seguro que os sorprenderéis. Ya me contaréis, si os apetece, claro. Un saludo y nos vemos muy prontito.

2.8.07

De libros y Memoria.


Después de unos días de inactividad vuelvo a usar el Pizarrín.

En otra entrada del blog ya dije que el verano es tiempo de lectura; hay lugar para lecturas reposadas, lineales, complejas e incluso como en este caso sorprendentes. Vayamos por partes y en cierto orden.

Siempre he pensado que los libros, tal vez no todos pero sí muchos, nos dejan un poso en algún lugar del cerebro, la mayoría de las veces permanecen en recónditos recodos siendo unos desconocidos para nosotros y a lo mejor para siempre. Otras, nos surge de vez en cuando; es el hecho de frases, o fragmentos que usamos en conversaciones o situaciones propicias para ello. Pero sí que en ambos casos ese recuerdo, que andaba perdido en nuestra memoria, surge de pronto, incontrolado, llevándonos a ese espacio de la memoria capaz de transportarnos a otro tiempo.

Durante este periodo alejado del Pizarrín, he estado, en compañía de unos amigos, en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en pleno corazón de Sierra Morena, cerca de Andújar. El lugar, escarpado y majestuoso, es impresionante, por la dificultad de la subida y por la belleza del paisaje serrano. Y todo esto no tendría más importancia que la de una breve y pobre, si se quiere, descripción de un viaje. Pero si la enlazamos con lo anterior podríamos darle otro sentido.

Cuando era niño, calculo que unos 11 o 12 años, un maestro mío me regaló (creo que como premio a mi trabajo de todo el curso) un libro de Julio Urrutia, editado por el MEC, que se llamaba El Cerro de los Héroes, que trataba del asedio, durante los comienzos de la Guerra Civil, del Santuario de la Cabeza donde un grupo de Guardias Civiles y sus familias se habían encerrado y proclamado su apoyo a la sublevación franquista en medio de una provincia plenamente republicana.

Hacía años, creo que desde que lo leí allá por el año 1972, que no había vuelto a abrir el libro que guardo más como recuerdo de aquel maestro, que como libro que me hubiese dejado huella. Pero nada más lejos de la realidad. Una vez que llegamos al Santuario, una especie de detallado informe previo, oculto en los entresijos de la memoria, me llevó casi de inmediato a reconocer el Cerro de la 4ª, el cementerio, la casilla de peones camineros, los aljibes,... sin que antes hubiese estado allí. Como por arte de magia, surgieron nombres que desconocía, el del teniente Porto, Liébana, Pedro Gallego,... Las sensaciones fueron muy agradables; dejarse llevar por los recuerdos encontrados casi como por azar, mirar como sabiendo dónde mirar sin haber estado nunca en ese sitio, recuperar en la imaginación los hechos cruentos de aquellos días.

Evidentemente la perspectiva histórica, el análisis de esos hechos, nada tiene que ver con lo que el libro mencionado describe; sin embargo, en esencia, los posos dejados en mi memoria por el libro han superado, como un tsunami mental retroactivo, todos los análisis que sobre los hecho uno hubiera podido hacerse con el paso de los años. Esa es la grandeza de la lectura, su capacidad de devolverte al niño que leyó un libro regalado hace 30 años, y puede, por unos momentos volver a aquellos momentos.