13.11.11

Mercantilizar la escuela




Nico Hirtt, belga de nacimiento y persona comprometida en varios campos, aventuraba ya en el 20o1 el proceso de mercantilización de la enseñanza a escala mundial. Hace ya diez años, cuando ni se aventuraba la crisis actual del modelo social, este hombre nos advertía de lo que estaba sucediendo en su país, en Francia o en EE.UU, aquellos que entonces, y ahora, parecen liderar la salida a esta crisis desde su óptica que ya entonces quedaba meridianamente clara. Desgraciadamente los pronósticos y la situación que nos presentaba, a día de hoy, son ya una realidad más que evidente en España y muchos más países.




Desde bastante antes, podemos decir que desde finales de los años 80, los sistemas educativos de los países industrializados han sido sometidos a un sinfín de críticas y reformas encaminadas a cerrarlas, a largo plazo, en lo que ahora nos viene. Por eso los que llevamos muchos años en esto ya sabemos de descentralizaciones, desreglamentaciones, autonomía creciente de los centros escolares, aumento de la burocracia y del control de los directores/as, falta de tiempo y espacios para la reflexión sobre la propia práctica docente, reducción y desregulación de los programas, "aproximación por las competencias", mecenazgo por parte del mundo empresarial, introducción masiva de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) sin formación expresa de lo que esto supone en la falta de reflexión ante la rapidez de las informaciones que estas tecnologías producen, fomento de la enseñanza privada y de pago. No se trata de dogmas personales de este o aquel partido ni mucho menos de una casualidad. La similitud de las políticas educativas desarrolladas en el conjunto del mundo capitalista globalizado no deja ninguna duda en cuanto a la existencia de poderosos determinantes comunes que impulsan estas políticas.


La tesis sostenida por Hirtt es que esos cambios vienen de un intento de adecuación profundo de la escuela a las nuevas exigencias de la economía capitalista. Lo que se está llevando a cabo es el paso de la "era de la masificación" de la enseñanza (entendida como el acceso de todo ciudadano/a a la educación)a la era de la "mercantilización"(en la que cada individuo será formado para cubrir las necesidades de la "sociedad" entendida esta como mercado). De facto, el aparato escolar - el más imponente servicio público que jamás haya existido- está siendo llamado a servir más y mejor a la competición económica, y esto de tres maneras:





Formando más adecuadamente al trabajador,



Educando y estimulando al consumidor



Abriéndose él mismo a la conquista de los mercados.



Esta nueva adecuación entre la Escuela y la economía se realiza tanto en el plano de los contenidos enseñados como en de los métodos (prácticas pedagógicas y de gestión) y en el de las estructuras.




Por eso os dejo este enlace a todo el texto para entender mejor por qué estamos donde estamos y, por qué no, agitar nuestras convicciones o certezas.

7.11.11

Educación y justicia social.

El artículo que os dejo creo, yo al menos asi lo veo, que no tiene desperdicio. Lo firma Antonia Lozano Díaz, Docente y miembro de eQuo Almería, y ahora que unos y otros juegan con la palabra, porque en el fondo es solo jugar con la palabra porque en el fondo ambos van a hacer lo que dicten los "mercados", este artículo viene a recordarnos que este derecho, que tanto tiempo ha tardado en ganarse es incuestionable. Ahora nos queda defenderlo. Bueno, ahora y después de estas elecciones, y de las siguientes, y de las siguientes....

La educación ya no es sólo una cuestión de gratuidad y obligatoriedad, es además una cuestión de justicia social.


La educación ha ido adquiriendo progresiva importancia a lo largo de la historia de la humanidad. En sus inicios sólo eran unos pocos los destinatarios de lo que llamamos educación formal. En la cuna de la escritura, Mesopotamia, tras varios años de estudio los escribas alcanzaban un notable prestigio social y grandes privilegios. En la antigua Grecia el acceso a la escuela estaba reservado para sus clases acomodadas, en un primer momento el niño, se formaba en casa con un ayo llamado “pedagogo”, posteriormente accedían a la escuela donde se formaban en las llamadas artes liberales: Trivium y Quadrivium. Geometría, gimnasia, retórica, dialéctica y música constituían el currículo de los jóvenes varones de la élite social.

Las épocas posteriores, con la Escolástica, el Humanismo, el Renacimiento, la Ilustración, etc., continuaron en una línea muy similar, destinando el acceso a la educación formal exclusivamente a las clases pudientes. La educación de la mujer, huelga comentarlo, no tenía razón de ser, en todo caso, y para las jóvenes de familias de pro, se les daba una enseñanza en torno a “cómo ser una buena esposa y madre”. Posteriores avances y desarrollos sociales como la industrialización, el desarrollo de las ciudades, el desarrollo tecnológico, la incorporación de la mujer al trabajo (remunerado), trajeron consigo una extensión del acceso a la educación. Paulatinamente los estados fueron tomando conciencia de la relación entre desarrollo económico y educación.

En las primeras regulaciones de la educación formal ésta era, tan sólo, una de las muchas competencias del Ministerio de Fomento. Es pertinente decir, puesto que dice mucho de su valor en ese período, que este ministerio era ocupado frecuentemente por ministros novatos que comenzaban, así, con aspectos menores de la labor política. La segunda mitad del siglo XX viene marcado, definitivamente, por el acceso obligatorio y gratuito a la educación. De hecho, es tal la importancia que se concede a la formación de las nuevas generaciones, que la educación, junto a la sanidad y la seguridad, son aspectos garantizados en nuestro país. Por otro lado, hemos de destacar que todos estos avances han corrido paralelos, en imprescindible simbiosis, con el desarrollo de valores democráticos y sociales, así, aparecen los valores de segunda generación.

La educación ya no es sólo una cuestión de gratuidad y obligatoriedad, es además una cuestión de justicia social. La justicia social alude a la necesidad de saber ver la realidad para compensar las desigualdades, sería “la justicia entre desiguales”. Este concepto involucra aspectos relacionados con la igualdad de oportunidades y la equidad social, el estado del bienestar, la distribución de la renta… y supone la concepción de un estado activo que no delega en manos privadas, espurias al concepto actual de educación, este derecho fundamental. Supone, por tanto, educar para un mundo mejor, educar en y para la democracia, educar para aprender a vivir de un modo respetuoso con el otro y con el entorno, para ser conscientes de los peligros de ciertas tendencias que llevan a repetir antiguos errores.




La actual apología de la educación privada nos retrotrae a tiempos que creíamos pasados, y cuyos principios y resultados no son coherentes con los valores de una sociedad que, conocedora de su pasado, se prepara en consecuencia para afrontar y diseñar el mejor futuro posible



Antonia Lozano Díaz
Docente y miembro de eQuo Almería

4.11.11

¿Qué es la educación?

A veces encuentra uno en la prensa cosas que le hacen volver a creer que hay algo que se mueve, que hay algo que a pesar de los golpes, las falsas informaciones, los engaños y embuste, los recortes y cien cosas más que podría decir, sigue existiendo entre los que nos dedicamos a esto de la educación: aún nos queda capacidad de pensar por nosotros mismos.

Algo así es lo que este artículo de Rafael Fenoy, publicado en Aula Libre, me ha traido y que quiero compartir con vosotros y vosotras desde este Pizarrín.

La educación: ni gasto, ni inversión. Un derecho

Las aguas educativas vienen revueltas en varias comunidades autónomas gobernadas por el PP. Los anuncios de recortes, primero, y las reducciones en el número de profesorado, después, han desatado la indignación de éste, que año a año ha visto como se le exigía más y mejores resultados escolares, a pesar de contar con menos recursos humanos y materiales para ello.

Los sociopolíticos y algunos sindicatos oficiales se aprestan a recoger la publicidad de esa justa indignación, remachando machaconamente que no se deben recortar gastos en educación, porque realmente ésta no es un gasto sino una “inversión”. Profetizan la quiebra de todo el sistema público educativo, cosa nada difícil de hacer, con datos objetivos sobre la mesa y pretenden reconducir, con la inestimable ayuda del ministerio socialista esta conflictividad en réditos electorales a meses vista.

Ni los sociopolíticos, ni los sindicalistas oficialistas, mosqueados por los recortes de las liberaciones, que se erigen en propagandistas de tal objetivo, están legitimados para ello. Han sido cómplices de años de privatizaciones en los servicios públicos, por acción u omisión, y además, tampoco tienen claro que la Educación, con mayúsculas, no es un bien mercantil que deba ajustarse a las inhumanas leyes del mercado. La Educación no es una mercancía y por tanto no se puede “invertir en ella”. La Educación es un derecho y por tanto, se les llena la boca, desde el monarca al último mono ministerial, diciendo que España es un Estado de Derecho, no hay más que hablar. Podremos prescindir de aeropuertos provincianos ruinosos, de fastuosas obras faraónicas, de decenas de miles de sueldos a políticos incapaces, incluso de los gastos, ahora sí, de las Casas Reales, de las subvenciones a iglesias religiosas, políticas o sindicalescas, …. etc, pero lo que es sagrado para la ciudadanía son los derechos fundamentales a la sanidad, a la educación, a la vivienda, al trabajo, a una vida digna desde el nacimiento hasta la muerte. Este es el gran asunto, del que aún no se han enterado, y que equivocada e interesadamente confunden, convirtiendo en mercancía nada menos que los básicos derechos de la ciudadanía, que al fin y a la postre son los únicos que sostienen la delgada línea roja de este contrato social que se sostiene en la simple y equilibrada ecuación (igualdad) de que pagamos impuestos siempre y cuando ello permita, ejercer nuestros derechos. La revuelta está servida, si se sigue por el camino de mercantilizar la dignidad de un pueblo.

Cuando el profesorado protesta, en forma mayoritaria, que nadie llegue a conclusiones precipitadas, como lo hace alguna relevante política del PP, ya que debería seguir la máxima de que aquel que “espera, desespera”. Punto primero: no son personas, las que se dedican a la docencia, faltas de preparación o de inteligencia. En segundo lugar, tampoco pierden el norte fácilmente y saben que la docencia se debe a la educación de sus alumnas y alumnos, que además las madres y los padres de estos se preocupan, como es su obligación, por aquello que perturbe el normal desarrollo de las clases. Y en tercer lugar, no son personas que, animadas por un espíritu gremial, pongan el interés de toda la sociedad, a la que sirven de verdad, por detrás de mezquinos intereses relacionados esta vez con impartir dos horas más de clase. Por ello, la ciudadanía debe escuchar sin prejuicios lo que estos/as inteligentes y formados/as ciudadanos/as nos dicen y valorar con enorme preocupación, que estas personas no vean otra salida que la protesta y la huelga, para hacer entrar en razón a políticas y políticos que nada saben de este honroso oficio del magisterio y que además, tienen una torticera visión mercantilista de la Educación.

3.11.11

Compartir e intercambiar.

Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces ambos aún tendremos una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces ambos tendremos dos ideas.

Bernard Shaw

2.11.11