22.3.10

Números y naturaleza.

Hay veces que uno descubre pequeñas joyas. Esta es una de ellas, un vídeo en el que de forma maravillosa se recoge la relación de los números y la naturaleza. Así, casi sin esfuerzo, nos arrastra. Espero que os guste. Está sacado de esta página.

21.3.10

Observar la lectura.

Como estos días ando un poco dando vueltas a distintas opiniones sobre la lectura, los días "D" (hoy era el de la Poesía y se me ha olvidado celebrarlo, vaya por dios) y demás, aquí os dejo un artículo que he leído esta misma mañana en el diario El País y que me parece nos puede hacer seguir pensando sobre la validez de saraos y observatorios sobre la lectura y una falta total de motivación y conocimiento real de lo que la lectura es y supone y cómo se puede, de verdad, hacer que los niños y niñas lean. Con un mal libro desde luego que no, aunque gasten en su presentación más polvora que las Fallas de Valencia.
Leer
Luis Manuel Ruiz
Hay una cosa que se llama Observatorio Andaluz de la Lectura. Es un apéndice o consecuencia del Plan Integral de Impulso de la Lectura 2005-2010, y consiste en un comité científico o mesa de sabios (dice la prensa) reunidos en torno a la persona del insigne José Antonio Marina, que conoce estos asuntos de la pedagogía. Por cuanto sé por campanas y cascabeles que suenan aquí y suenan allá, el comité científico lleva algunos meses reuniéndose en despachos y restaurantes y analizando estadísticas. Cotejando pruebas, sondeando exámenes, observando centros educativos al trasluz. Para alcanzar una conclusión ciertamente desasosegante: que la inmensa mayoría del alumnado de nuestra tierra padece "graves problemas de comprensión lectora". Es lo que hizo público José Antonio Marina el martes, después de un exhaustivo, microscópico estudio de la realidad educativa en Andalucía. Que la capacidad de nuestros niños y no tan niños para enterarse de lo que dicen los libros "deja mucho que desear"; que ese déficit se convierte en "trágico" cuando se alcanza el escalafón universitario, "la élite de la sociedad, una clase que se forma gracias a los recursos públicos que aportan los ciudadanos". Un observatorio, de la lectura o de las aves o de los barcos o de las constelaciones, suele hallarse situado en un lugar en alto, para poder otear mejor el horizonte. Tiene sus ventajas y sus desventajas, esto de estar en lo alto. Entre las primeras figura el hecho de poder mirar más lejos y reconocer, quizá, que detrás de las colinas se encuentra el mar. Entre los segundos está que no ves lo que tienes debajo, aunque se encuentre a un palmo de tus narices. Para enterarse de que la lectura tiene en Andalucía uno de sus puntos negros, todo un socavón, no hace falta ser José Antonio Marina ni confrontar gráficos sobre pizarras pintadas con rotulador: basta con darse un paseo por un centro público de enseñanza y asistir a las clases. Basta con escuchar un rato a los profesionales de la educación, esos que, según Marina, sufren una perenne anemia de motivación.

Otra sorprendente constatación que ha realizado el comité de sabios desde su observatorio es que toda la culpa de este raquitismo lector no se encuentra del lado de la Consejería de Educación. Ni siquiera de la de Cultura: hay otros imputados. Resulta que a pesar de las campañas de fomento de las letras y del capital público invertido, las medidas de la Administración no han alcanzado el efecto que se esperaba. Parece que aunque les metamos a los niños los libros con calzador en el programa educativo y aunque los pongamos a leer la cartilla en clase, no acaban por leer del todo, se olvidan, digamos, de leer en cuanto abandonan el colegio, como si leer fuera parte del mobiliario escolar y debiera dejarse en el centro con los pupitres, la pizarra y el mapa de Europa, hasta mañana o el lunes. Va a ser al final, según se desprende de la investigación rigurosamente científica de los miembros del Observatorio, que para que una persona le tome gusto a la lectura no basta con que le intimen sus maestros, por otra parte (según sabemos) pésimamente motivados. Va a ser que si el niño no ve libros en su casa, si no tiene cerca una biblioteca, si no le rodea una cultura lectora (gente que sostiene libros en el autobús, gente que conversa de libros, gente que se entusiasma con libros), va a acabar por no cogerle afición a los libros. Y así, el comité científico emplaza a otras consejerías, como tal vez las de Innovación o Bienestar Social, a que creen un tejido y una infraestructura de redes de lectores, a que conviertan la sociedad en una sociedad de lectores, porque de lo contrario el panorama se presenta de lo más crudo. Todo eso han descubierto José Antonio Marina y sus apóstoles desde lo alto de la torre del observatorio. En fin: ahora que sabemos que la luna es redonda, igual empezamos a pensar en construir cohetes para llegar hasta ella
.

20.3.10

Otra entrada sin comentarios.

El alumno toma los mandos

La brecha digital que se abre entre la juventud y el profesorado aumenta la participación de los estudiantes en las nuevas aulas informatizadas

JAVIER SALAS - MADRID - 15/03/2010 08:00


"Nos sentimos profes de profes". Paula, Jack, Nico y Wendy, cuatro alumnos de 4º de ESO (15 años), realizaron una de las exposiciones más aplaudidas de un reciente encuentro de los docentes más aventajados en el uso de nuevas herramientas en las aulas, en el marco del Instituto de Tecnologías Educativas (ITE). Fueron los propios alumnos quienes explicaron cómo y por qué se usa el ordenador en su colegio. La intención de su profesor, César Poyatos, era mostrar el cambio que se avecina en la enseñanza española.

Un cambio obligado porque ahora el partido se juega en el terreno de juego de los alumnos, nativos digitales que han crecido agarrados a los mandos de sus videoconsolas y pegados a los botones de sus móviles, familiarizados con las tecnologías de la información y comunicación (TIC) desde su nacimiento. Y, según los expertos, lejos de suponer un problema insalvable, la brecha digital entre escolares y profesores está dinamizando las aulas, fomentando un cambio metodológico radical.

Se trataba de demostrar que hay que romper un modelo de enseñanza en el aula. Hay que asumir un relevo generacional en los métodos, en el que el profesor no es la única fuente de conocimiento, sino un dinamizador de experiencias para que, a través de las herramientas, el alumnado aprenda a crear, interpretar, analizar... Si no les cedemos el protagonismo en clase, no podrán desarrollar esas destrezas", asegura Poyatos.

El actual sistema educativo español, en virtud de la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006, demanda que el alumno finalice su enseñanza siendo capaz de desarrollar destrezas básicas "en el campo de las tecnologías, especialmente las de la información y la comunicación". Unas destrezas para las que con frecuencia están más preparados que sus maestros (como muestra el gráfico), especialmente en lo referido a publicación de contenidos en la Red y la mensajería instantánea.

El presente curso se recordará por el desembarco de ordenadores portátiles en las aulas, que culminará en abril, en virtud del proyecto Escuela 2.0 que han firmado el Ministerio de Educación y todas las comunidades autónomas, salvo Madrid, Murcia y Valencia (las tres gobernadas por el PP). Es previsible que la entrada masiva de ordenadores en las aulas convierta a muchos escolares en lazarillos digitales, que saquen provecho a su pericia frente a profesores menos duchos en el entorno digital.

El director del ITE (organismo del que depende la formación del profesorado para la digitalización de la enseñanza), Antonio Pérez Sanz, adelanta la revolución que está germinando: "Vamos a cambiar el método. Nos estamos encontrando con muchos profesores que se apoyan en los alumnos aventajados en nuevas tecnologías para, a la vez, aprender con ellos y motivarlos. Los ponen de su parte".

Nuevas herramientas


"El profesor no tiene por qué ser el que más sabe de nuevas tecnologías, su papel es el de darles sentido pedagógico", defiende Pérez, quien se encuentra en estos momentos peleando por otro cambio de mentalidad tan necesario como el de los docentes: el de las editoriales. Educación pretende firmar este año un convenio con las empresas proveedoras de contenidos pedagógicos para que se obliguen a adaptarlos a las TIC. "Esperamos que para el próximo curso el compromiso se cumpla al menos en áreas básicas, como Matemáticas y Lengua", asegura Pérez.

Fran Iglesias, profesor implicado desde hace años en el Proyecto Grimm para utilizar de forma creativa la tecnología en las aulas, reconoce que, aunque lentamente, la relación entre la tarima y los pupitres está mutando. "Nos movemos hacia un modelo en el que el profesor debe mostrar a los alumnos estrategias y habilidades para gestionar el torrente de información. Un profesor del siglo XIX se iba a sentir muy cómodo en una clase de hoy. Hay que cambiar el patrón", defiende.

Su colega Francisco Muñoz, un maestro que lleva años analizando la transición tecnológica en su bitácora Aulablog21, desearía que las administraciones introduzcan incentivos para que los más inexpertos se atrevan con el ordenador. "El profesor que no controla los nuevos lenguajes se limita a no encender el ordenador y así se evita la posibilidad de que le chuleen en el aula", asegura este autodenominado colono digital: "pionero del Oeste 2.0".

Los colonos no son mayoría, ya que aunque todos los estudios coinciden en que el 90% asume que debe incluirse las TIC, la proporción de docentes que las usan desciende considerablemente. "Muchos temen su incorporación porque altera la organización del aula y pierden el dominio", describe Manuel Area, catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de La Laguna.

Según todos los expertos consultados, el número de docentes que sencillamente se niega a avanzar hacia la renovación de sus métodos no superaría el 20% del total, compuesto en su mayoría por los más veteranos. Pero algo está cambiando. Los datos del ITE muestran que en el último año creció un 40% el número de educadores que recibió un curso de formación en nuevas tecnologías, más de 26.000 en total. Una cifra que sólo incluye los cursos realizados en la red del ministerio, ya que cada autonomía cuenta con sus propios sistemas formativos.

Aun así, es fácil detectar una crítica generalizada contra los planes de estudios de las carreras que preparan a los docentes del futuro, por no introducir de forma adecuada la formación en TIC. "No hay suficientes materias que aborden la situación que se va a dar de ahora en adelante en las aulas, en especial tras Escuela 2.0, sobre todo en secundaria", critica Area.

La reconversión del profesorado va a ser un proceso muy complejo, ya que el salto que se va a dar es inmenso. Hoy, el porcentaje de españoles que ha usado el ordenador para el aprendizaje está a la cola de Europa, con un exiguo 7,2%. Muy lejos de la Europa tecnófila, encabezada por daneses (42,4%) y suecos (38,1%).


Tomado del diario Público.

18.3.10

Días "D" (otra entrada)


Me comentaba un amiguete, hace unos días, que este Pizarrín es algo parcial porque sólo muestra un lado de la escuela, el que yo veo. Asumiendo que es verdad porque soy yo el que escribe y este rincón no deja de ser algo privado que se ofrece a la opinión y vista pública, la idea me dejó un tanto pensativo. Por eso, y a colación con la anterior entrada, os dejo este texto de la revista Speculum en el que se aboga por las bondades de los "días D", que aquí se llaman "días de". Espero, sin mucha convicción, que a mi amigo le baste este articulo para ver que sigo siendo parcial.



“La literatura y los días de”
Pilar Gómez Ratia


Son muchos los que están en contra de los que pasaré a denominar días de, jornadas marcadas en nuestro calendario como días internacionales, nacionales o universales que nos recuerdan determinadas cuestiones, temas o problemas que de manera más o menos directa nos afectan a todos. Y es que, lejos del rechazo, creo que los días de son una buena forma de engancharnos a
la vida, a lo que pasa ahí afuera, a los problemas de los demás.


A veces nos encerramos en nosotros mismos y no vemos más allá de nuestras narices hasta que alguien nos abre los ojos y nos recuerda que hay problemas aún por resolver como la
discriminación racial, la vulneración de los derechos humanos y laborales o la falta de investigación sobre determinadas enfermedades. Vivimos inmersos en la que se ha pasado a llamar Sociedad de la Información, infinidad de noticias inundan día tras día los medios de comunicación, sin casi dejarnos un momento para digerir esas informaciones y sacar nuestras propias conclusiones, porque para ellos el presente ya es pasado.

Como decía antes, me gusta ver estos días de como un lazo de unión con la vida, al igual que la literatura que también nos puede ayudar a comprender mejor lo que estos días representan. Cuántas obras sobre el dolor, el amor a la tierra, la paz, la desesperación, la discriminación, la juventud o el racismo no se han escrito a lo largo de la historia.


De esta misma forma también lo han entendido institutos de nuestra provincia, como por ejemplo el IES Caleta, que en más de una ocasión ha sabido conjugar a la perfección estos tres factores: días de, literatura y estar abiertos al mundo. Siguiendo esta fórmula celebraron el Día contra la Violencia de Género con una lectura colectiva y un acto literario, y así acercar a los alumnos a la realidad que tristemente hoy día padecemos. Iniciativas y actividades que se
engloban dentro de un Plan de Lectura y Biblioteca que han puesto en marcha centros como éste para fomentar el hábito por la lectura entre sus estudiantes. Por cierto, hablamos de un instituto que tiene el honor y puede presumir de haber recibido el Premio Nacional de Buenas Prácticas de Convivencia, que cada año concede el Ministerio de Educación, por las buenas relaciones dentro del ámbito escolar.


Algunos sociólogos han afirmado en sus estudios a lo largo de la historia que al individuo lo cría la tribu, hoy en día sabemos que la educación de un niño o de un joven depende de la familia, de sus profesores, sus compañeros de clase, sus vecinos del barrio, amigos, internet... y los libros. Precisamente ellos, los libros, la literatura debería recuperar entre los más jóvenes el papel educativo, lúdico y formador que siempre han representado. También tenemos marcado en nuestro calendario el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil y depende de todos nosotros que este día, al igual que otros, no sólo se celebre sino que también se pueda festejar. De momento, nuestros niños están a la cola en comprensión lectora dentro de programas como el Proyecto PISA de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), que
se dedica a medir el rendimiento de los alumnos. Pero quizás, si empezamos a trabajar desde ya y a reforzar este aspecto, podríamos conseguir mejores resultados, no por quedar bien en estudios como éste sino por el bienestar de ellos.

Así que a partir de ahora podríamos utilizar estos días de y la literatura como herramientas para estar en contacto directo con el mundo, con la realidad. Hagamos el trabajo de un periodista que
tiene que estar pendiente a la vida, observando los detalles, analizando las situaciones, reflexionando sobre lo que ocurre a su alrededor y mostrándose crítico ante los acontecimientos que se precipitan día tras día.

15.3.10

Senda de D. Miguel.

Los que seguís con cierta asiduidad este blog ya sabréis que no me han gustado nunca esas parafernalias que se suelen montar para "animar" a la lectura y que, más que animar a ello, sólo sirven para distraer a la mayoría de los receptores de esas actividades de lo que debiera ser el principal argumento de las mismas, el libro y sus características.

Un libro debe mostrarse, recomendarse, primero desde el conocimiento y admiración de quien lo muestra. Es casi imposible transmitir un valor sobre algo si no se conoce y admira ese algo. Pero sobretodo un libro debe tener en sí mismo, algo, ese pellizco del que hablaba Fernando Quiñones que nos deje una sensación en el estómago tras haberlo leído.

Cuántas y cuántas actividades, cursos, programas,...he visto pasar en los últimos años por mis colegios pretendiendo crear en los alumnos y alumnas un sentimiento de predisposición hacia la lectura que una vez que se acaban no han tenido más eco que el de cualquier otra actividad escolar de "Día D". Y cuántas y cuántas veces me he encontrado con libros recomendados que podrían haber sido más validos para curar el insomnio que para despertar cualquier interés en los lectores.

Y todo esto viene porque viendo y leyendo los homenajes que se le han realizado a Miguel Delibes este fin de semana, una de las cosas que más me ha llamado la atención es comprobar cómo muchos de sus lectores lo habían conocido en la escuela o en el instituto. Esto me llevó a pensar en cuándo y dónde conocí al enorme escritor que fue Delibes y descubrí que el primer libro de él que llegó a mis manos fue "Las Ratas", lectura obligada en el 2º curso del antiguo BUP. Y recuerdo el brutal encontronazo con una realidad y con una escritura, clara, concisa, precisa y cercana, que me descubrió otra Castilla y otra España, a la vez que una forma de escritura sorprendente para un chaval obnubilado entonces con lo que se decía y leía de la nueva narrativa hispanoamericana y el realismo fantástico.

E indagando por entre las estanterías, en busca de aquel libro, me fijé en los libros de lectura de mi, también antigua, EGB, aquellos Senda (guardados como un pequeño tesoro) que tenían dentro desde fábulas clásicas, a poemas de Aleixandre y Cernuda, artículos de Azorín, y una larga serie de autores y estilos, y que leíamos por las tardes en las clases, en voz alta y con las correcciones del maestro, D. Luis se llamaba, para que cada estilo literario tuviese su correspondiente y adecuada vocalización y dramatización.

Tras esto se le caen a uno los palos del sombrajo porque viendo las lecturas que mi hija (ya en la Universidad) ha realizado descubre uno que habrá asistido a no menos de 7 u 8 actividades de "animación" pero que no ha tenido delante (al menos en el colegio o instituto) un buen libro, o una buena selección de lecturas, que le despertase ese afán lector. No sé si porque el sistema ya ha perdido el norte completamente en este sentido y pretende que la animación, por sí misma, lleve a la lectura a los alumnos y alumnas o porque los que realizan los programas y los curriculums no han leído un buen libro en su vida y no se le puede pedir peras al olmo. El caso es que si hoy llevásemos a la escuela mi Senda de 5º de EGB (equivale al 5º de Primaria) habría incluso docentes que tendrían problemas para entenderlos, y así, no hay animación que nos valga.

Allá donde esté Ud.. D. Miguel, gracias por su literatura y perdón por no haber sabido llevar ese amor por la lectura a nuestras aulas.

9.3.10

Sin comentarios.

Carta abierta a la prensa

El miércoles, día 3 de febrero, se produjo un lamentable incidente en el IES Fuente Juncal, en el municipio onubense de Aljaraque, cuya víctima, de nuevo, volvió a ser un docente. Cuatro alumnos, de los que vienen al centro con lo puesto (en casa desconocen que han de llevar material escolar a clase, de ése que regalan), deciden entrar a deshora, una vez finalizado el recreo y de malos modos, todos a la vez al baño. La profesora, bajo el criterio que seguimos todos en el instituto, les conmina a entrar en el baño más próximo, el del gimnasio, de uno en uno. Ante tal ofensa, los alumnos se amotinan, acorralan a la docente y la insultan, colocando incluso una valla del gimnasio para que ésta no pase. Hasta aquí, una historia más, otra execrable página más para el anecdotario del profesorado (como la de la profesora agredida por una madre en el IES Fuentepiña, en Huelva capital, el viernes 29 de enero, por separar a su hija durante una pelea barriobajera en clase) que parece que ha y debe quedar en una mera sanción al alumno. Un mes a casa y, luego, pues si les apetece, que hagan otra, a ver si la siguiente es más sonada que la anterior.

Pero algo tiene que cambiar. Los profesores estamos hartos de ser el blanco fácil y gratuito de los desvergonzados, el blanco de ira -tras actuar de eterna guardería- de los padres y, en el mejor de los casos, unos pintamonas para el alumnado medio.

Para empezar, debiéramos hacer autocrítica; somos el colectivo más desunido e insolidario: no nos manifestamos ante agresiones, no presionamos a las Administraciones que venden nuestro pellejo al primer padre o madre que alza la voz, no reclamamos un pacto por la educación, ni nos manifestamos cuando en vez de gastar el dinero en profesores que sustituyan las bajas los tiran en ordenadores. Pero la larga historia de nuestras tragaderas es otro asunto para la reflexión y, llegados a este punto, si nadie va a ponernos en el sitio que nos corresponde, tendremos que hacerlo nosotros mismos.

Evidentemente, ni políticos, funcionarios de la administración, sindicatos o padres van a hacerlo. ¿Cómo ponerse de otra parte que no sea la del todopoderoso alumno y sus omnipotentes padres? Porque ahí, señores políticos, administrativos y periodistas, entre otros, es donde tal vez encuentren la respuesta. Pero eso no, a los niños ni tocarlos y, por ende, a los padres, que son quienes votan. ¿Cómo vamos a decirles que cometen una continua y alevosa negligencia en su labor educativa como progenitores? ¿Cómo acusarles por la displicencia con la que dejan actuar a sus vástagos? ¿Cómo reñirles cuando les premian con una videoconsola, una moto o muchísimos euros para gastar sin freno en recompensa a los lamentos que les transmitimos desde los centros? ¿Cómo ratificar su complicidad cuando excusan esas “cosas de niños” que son insultar a profesores, pegar a compañeros o tirar la oportunidad de poseer una formación académica gratuita?

Es más, como puede que os voten –a unos u otros, inútil distinción-, pues, como medida preventiva, y sin exigir nada a cambio, siquiera que sean capaces de educar y dominar a sus hijos –para eso están los profesores-, se les ofrecen aulas matinales, comedores, clases gratuitas por las tardes, becas generosísimas, libros y, ahora, ordenadores. Eso sí, sin necesidad que esa multiplicidad de derechos vaya acompañado de ningún tipo de deber.

Llegados a este punto, el equipo educativo y el personal administrativo y de servicios del Centro exige la actuación inmediata de la Administración, la reposición social de nuestro prestigio en función de la labor que desempeñamos, el respaldo de los medios de comunicación y, ante todo, la expulsión inmediata de los alumnos que han violentado, en otra nueva ocasión, la dignidad de un colectivo injustamente ninguneado desde todos los estamentos sociales.

Profesores y profesoras, maestros y maestras, ¿hasta cuándo vamos a seguir esperando a que el próximo no seamos nosotros? Basta ya de permitir la indiferencia o, en el mejor de los casos, el desprestigio al que somos sometidos a diario. Somos, aunque tal vez no lo sepamos, uno de los colectivos con mayor poder en esta sociedad. Porque, ¿qué pasaría si nos pusiésemos en huelga sólo una semana? ¿O un mes? ¿Incluso indefinidamente? ¿Qué otra salida nos dejan? Ya está bien de que sólo salgamos en prensa para que se cuestionen nuestras vacaciones, nuestro fracaso por los vergonzantes informes PISA o nuestra supuesta indolencia como profesores quemados.

Nuestra unión es la única salida. En ningún lado se permite que a un trabajador le impidan llevar a cabo su trabajo, ¿por qué nosotros sí lo permitimos? Sólo queremos que nos dejen trabajar y seamos reconocidos por ello (no nombramos siquiera la pérdida de poder adquisitivo que hemos sufrido en las últimas nóminas ni reclamamos subidas. Nadie que se elija ser docente aspira a hacerse rico). La mayor crisis que puede sufrir un país no es la pérdida de riqueza, sino la de valores. Quien maltrata a sus mayores y maestros desprecia su futuro más inmediato y el esfuerzo que hicimos todos en un pasado, donde la educación precisamente no era un derecho, sino un privilegio.

5.3.10

Educación de ciudad.


La educación es algo que no es sólo escolar y familiar, ni tan siquiera una suma de ambos ámbitos, sino que va más allá de todo eso. Esto, que a primera vista puede ser una perogrullada, viene al caso sobre la polémica que se desató en Cádiz por la publicación de un artículo en el New York Times sobre la fiesta del Carnaval en Cádiz y en la que la periodista, viendo desde fuera la ciudad y la fiesta en su conjunto, realizó un análisis y llegó a unas conclusiones en las que no salíamos muy bien parados.

La mayoría de la gente, que creo comparte esa visión, se ha acostumbrado a defender la imagen oficial de la ciudad (la que sonríe) y a no sacar la crítica al estado de la misma más allá de círculos privados y charlas de café. Es la educación que el entorno crea sobre los ciudadanos.

Como sabéis, uno de mis maestros de cabecera, que tenéis en los enlaces recomendados, es Carmelo, bloguero al que sigo y he traído en alguna ocasión al Pizarrín, que me permite tener una visión de Cádiz certera, actual y llena de humor, que esconde bajo esa capa amable, creo yo, toda la sabiduría, toda la capacidad de crítica, que esta ciudad y sus particulares circunstancias ha generado en quienes de una manera u otra hemos venido y vivido en ella. Por eso os dejo entero (espero que a Carmelo no le importe) esta entrada suya sobre el famoso artículo, que por otra parte podéis leer aquí.

viernes 26 de febrero de 2010
El Niu Yor ¿qué?

Ahora resulta que en Cádi no se lé el Viva Cádi. Ni siquiera La Vó, que te regala el Abesé y la grapa. Tampoco el Diario de Cádi. Ahora lo que se lé en Cádi es el Niu Yor Taims. Que pa los que no sepai de inglé sisnifica algo asín como los Tiempo de Nueva Yor, que no me dirá tú a mi que no es un nombre feo pa un periódico. Po esa gente están arrasando en Cádi que no se habla de otra cosa.


Bueno, tampoco es eso, que también se habla de la tormenta perfesta esa que viene desde las Canaria, que má que perfesta es cabrona porque se ha venio el fin de semana del Carnavá chiquito. De toas forma, como disen que la tormenta es má rápida que el Despojao por la Avenida, po iguá pasa entre hoy y mañana y pal domingo ya hase bueno. Ajolá. Si no, como a las tormenta hay que ponerle nombre de mujé, po yo creo que debería sé la Tormenta S, de Suputamadre, por viní a arruirnarno la penúltima posibilidá de escuchá Carnavá por la calle en el año.


Pero bueno, que la Siclogénesi Esplosiva, que aunque suene a una de esa enfermedade que no se curan, es el nombre sientífico de la Tormenta Perfesta y aunque suene feo, yo lo suelto asquí porque el bló del Carmelo enseña, el bló del Carmelo entretiene... Bueno, po la Tormenta Perfesta, que eso ya no es nombre de enfermedá sino de comparsa chunga, no es lo que tiene a Cádi tó sacudio. Ni siquiera es que a alguna mente privilegiá se le haiga ocurrio darle día libre hoy a los maestro y los padre estén hasiendo encajebolillo (gran comparsa) con los abuelo pa tené controlao a los pequeño aprendise de diablillo. No. Hoy por hoy lo que procupa en Cádi es el Niu Yor Taim.


Yo os pongo en antesedente, pal que no lo sepa porque como este bló cada vé se parese má a una finá del Falla que hay cada vé má gente de afuera, po tengo que esplicá algunas cosa que en Cádi no nesesitan esplicasión ninguna. Resulta que el Niu Yor Taims mandó a una muchacha de esta que escriben porque no saben hasé otra cosa mejón, a Cádi a hasé un reportaje del Carnavá de Cádi pa publicarlo. Lo suyo, habría hecho lo típico. Disí que esto es la tierra de la alegría, que en Cádi hay que morí, que el arte que tiene Cádi no lo tienen ningún otro sitio del mundo mundiá, que esta es la cuna de la libertá y que como La Caleta no había visto una playa iguá en el mundo entero, desde La Barrosa hasta la Ballena. Pero no, se ve que a la gachí, que se llama Raqué Donadio, lo digo por si alguien se le encuentra en alguna de sus visita a Nueva Yor, le cogió el tiempo malo y, ademá, como ella era del mismo Nueva Yor no entendía mu bien las cosa que cantaban las chirigota, po desidió que en vé de hablá de Carnavá iba a hablá de que en Cádi hay muchos parao y hay mucha gente trabajando sin contrato o viviendo de los susidio. Como si tené una paguita de por vida de la baja laborá fuera una cosa mala. A mucha honra, qué coño.


Yo no hablo de oída, como medio Cádi que lo único que ha podio hasé es lé los comentario que el Diario y La Vó han sacao del articulito de marra. No, yo cogí a la Cacelin y le dije. "Cacelin, plis, traduction mi". Ya sé que con mi nivé de inglé podría habé entendio la esensia, pero prefería que ella me lo tradusiera al gaditano porque a lo mejón hay alguno giro semántico que yo no termino de castá y ya que tengo a una inglilingüe en casa, po me aproveché de ella. En el sentido idiomático, que en el otro no me deja la Vane. Ni la propia la Cacelin.


Totá, que el artículo es un pasote. La gachí se columpia tela. ¿Quién le habrá dao derecho a una tía de tan lejo pa comentá si en Cádi hay no sé cuánto parao o si la gente trabaja sin contrato? Si te parese va a trabajá uno que está cobrando el paro con contrato, pa que le quiten el paro. O la empresa va a dá de alta a tol mundo pa pagá la Segurida Sosiá, con lo caro que sale eso. Hombre por favó. Mucho título de periodista, mucho Niu Yor Taims, pero la gachí falla en lo má básico. En castá la esensia.


Fueraparte de que la gachí nos lo echa en cara. Con tos los parao que hay y esta gente de cachondeo. No, si te parese vamo a hasé como ustede y cuando haiga paro vamo a montarno una guerra pa tené distraia a la chavalería. Con lo que duelen los tiro. Ademá, que en Cádi semo pasifista. Y alegre. A lo mejón esta pensaba que iba a vé a gente protestando por la calle, barricada, gente enserrá en las iglesia. Tes qui ya, si a los último que se enserraron en una iglesia pidiendo una ayudita los han metio a hasé un curso en Tarteso con la de tiempo que coge eso.


Eso de que haiga venio una gachí desde Nueva Yor a poné a parí a las cosa de Cádi a mi me parese mu malamente. Eso es como si yo me pusiera a criticá lo chungo que son los americano que tó los pobre son negro y latino y los rico son blanco, meno el Mojama que es el primé presidente negro y el Prínsipe de Beler, que es el único que ha llegao a la realesa siendo negro. O con la de asesinato que hay allí, que no hay una pinícula americana en la que no haiga una pechá de tiro. Que al prinsipio con Grison resolvían tó los crímene pero han tenio que desdoblá la plantilla y han puesto a uno con el pellejo a parche en Miami y a otro con toa la cara un palo en Nueva Yor. en el mismísimo Nueva Yor, del que tanto presume la gachí esta. ¿Ha visto acaso alguna vé un Seseí Cádi? ¿A que no? Po eso es porque asquí vivimo de puta madre, con mucha tranquilidá, sin nesesidá de pelearno. Si tenemo dó, con dó llegamo a fin de mé. Si tenemo cuatro, nos gastamo dó con los amigote y con lo sotros dó llegamo a fin de mé.


Por lo visto, en América si no ere rico y te jincha a currá no ere felí. Po asquí no. Asquí la felisidá la da el só saliendo por la Bahía y recogiéndose por la Caleta tós los día, meno esta rachita que con tanta nube está la cosa chunga. O una tarde de playa con los colega. Y hasta con la familia. Un cuplé con arte. Un pasodoble de pellejo de gotelé. Un horquillaso bien pegao subiendo por el Palillero. La recogida del Perdón. Una día cualquiera. Una tarde cualquiera. Simplemente viví en Cádi.


Asín que, desde ahora, lanso una asvertensia. Si alguien quiere vení a hablá de Cádi que lo haga con estilo, que hable de las cosa bonita que tiene mi tierra. De lo simpática que es su gente. De lo buena que están las tortillita de camarone de la Guapa y de lo bien que se pasa una semana de Carnavá. Porque a partí de ahora a los periodista estranjero de afuera que vengan a escribí de Cádi le vamo a pidí, por antisipao lo que van a poné. Sea del Niu Yor Taim o del Jeral Tribiun. Y si no nos gusta no le dejamo sacarlo. Que esto es la cuna de la libertá y no podemo tolerá que atenten contra ella.


Gracias Carmelo.

2.3.10

Bolonia, y no es mortadela.

A veces es bueno sentarse un rato y escuchar. Si de verdad queréis tener una visión clara de lo que es Bolonia, viéndolo desde la propia Universidad, este vídeo es necesario. Es un poco largo pero seguid hasta el final. Espero que os guste. Es de la Universidad de Vigo en sus II Xornadas Xurídico Sociais. Quien habla es Juan Carlos Mejuto Fernández Decano da Facultade de Ciencias de Ourense, Universidade de Vigo,y podéis verlo desde aquí.

1.3.10

De la ratio escolar o cómo mejorar las notas.


El artículo que os dejo al final de esta entrada lo leí, con sorpresa primero y estupefacción después, el pasado Domingo en el Diario de Cádiz.

No es la primera vez que leo lo que este inspector de educación publica en esa columna, ni la primera vez que lo traigo a este Pizarrín. Esta vez el artículo, que trata sobre la ratio escolar, no tiene desperdicio por lo que dice pero sobre todo por quien lo dice. Vayamos por partes.

Para empezar define, para los profanos en la materia, qué es eso de la ratio y ahí se deja caer ya con el primer comentario/explicación, que para mí es cuando menos, máxime viniendo de alguien que se supone controla esta ratio en los centros educativos, incomprensible. Nos dice este buen hombre que "... un centro o un curso tiene una ratio de 28, no se quiere decir que haya veintiocho alumnos por cada docente, sino que cuando éste da clase los destinatarios de la misma alcanzan ese número. Hago esta aclaración porque el resultado de dividir el número de alumnos por el de profesores da un índice inferior al que se conoce por esta palabra latina, como lógica consecuencia de que haya más docentes que grupos de alumnos." Claro que ahí no dice que muchísimos cargos directivos no pisan un aula más que por causa de fuerza mayor, a pesar de lo que tengan en su horario que el inspector debe comprobar que se cumple, con lo que esa "ratio" aumenta. Y tampoco dice que se usa a los docentes de apoyo para cubrir bajas, permisos y licencias con lo que la ratio vuelve a subir, y tampoco dice que si hay 28 alumnos/as en una clase, el 80% del tiempo son atendidos por un solo docente por lo que ese concepto de ratio es cuando menos personalísimo, si bien no le negaremos que en el plano virtual en el que se desenvuelve nuestra educación es perfectamente consecuente.

Continua contando su experiencia como maestro allá en los 70. Siempre me he puesto en guardia con aquellos que, tras muchos años en otras tareas, recuerdan su experiencia para hacer ver que saben de lo que hablan. Es verdad que en los 70, y hasta bien entrados los 80, las clases de 35 y más alumnos/as eran una cosa habitual en nuestros centros, al igual que el entorno y la sociedad otorgaban un papel muy diferente al conocimiento escolar y a quienes lo impartíamos, por lo que era posible trabajar con esas ratios, que permítaseme diga siguen existiendo en los Bachilleres actuales, y que hoy, con ese nuevo modelo de sociedad es practicamente inasumible en niveles educativos básicos.

Y tras una pequeña parrafada sobre leyes y progresos entra en el meollo de la cuestión: la reducción de la ratio escolar en nuestros centros, de la que dice que actualmente está entre las más bajas de Europa. Como no me cita de dónde se extrae dicho dato os dejo
este enlace para comprobarlo.

Y comienza lo verdaderamente interesante. Nos dice el Sr. Montero ..."Parece sensato pensar que cuantos menos alumnos haya por clase más tiempo podrá dedicar el docente a cada uno de ellos y, por tanto, mejor será la calidad educativa conseguida. Esto es verdad, siempre y cuando el profesor o profesora cambie la metodología y adopte otra más individualizada. Si hace con doce niños lo mismo que con el doble, no habrá una gran mejora de los aprendizajes discentes, pero sí un aumento de la comodidad del trabajo del docente. Ahora bien, tampoco es sensato pensar que la disminución del número de alumnos por grupo es siempre buena, y que cuantos menos alumnos haya sea siempre mejor. Así, sería deseable tener a 20 que a 25, a 15 que a 20 o a 12 que a 15." Empezar diciendo que parece sensato deja bien a las claras que no tiene claro que esa reducción en la ratio sea verdaderamente efectiva. Es evidente que el docente no puede hacer lo mismo con 25 alumnos/as que con 10, y que para que esa disminución de la ratio se vea corresponda con una mejora del trabajo en el aula, es necesario un cambio de metodología por parte del docente. Ahora bien, ¿se permite que se cambien los modelos metodológicos, esto es agrupamientos, horarios, curriculum, evaluaciones,... por parte de la inspección en los centros o se incide puntillosamente en el cumplimiento estricto de la normativa? Porque es claro y contundente que quienes deben visar estos cambios son los compañeros y compañeras de inspección del Sr. Montero y por mi experiencia, estos cambios no son siempre bien venidos ni aceptados, por lo que no acabo de comprender este cuestionamiento que más bien parece dejar caer que la reducción en la ratio, lejos de beneficiar al alumnado beneficia la tranquilidad del docente.

"¿Sería estupenda una enseñanza que se produjera a la vez con un grupo máximo de 10 alumnos? Rotundamente no." Esto ya sí que es de matrícula. Un aula es un pequeño microuniverso con elementos singulares y propios y elementos comunes, en los que todos deben aprender a convivir, respetar, compartir, asumir,...etc... bajo el ritmo que marquen entre todos pero con la ventaja de un control por parte del docente que lleve ese aula. Y bien es verdad que reducir el centro a un aula nos llevaría a una especie de endogamia educativa en la que determinados alumnos y alumnas serían fagocitados por el contexto, pero no hay que olvidar que un aula se circunscribe a un espacio superior, el centro educativo, que al igual que el aula tiene elementos singulares y elementos comunes, y unas leyes, escritas y no escritas, de las que el alumnado debe participar. Ahí es donde deben ponerse los medios para que exista, para que pueda existir, una mayor fluidez en los agrupamientos, en el desarrollo de los diferentes curriculum, en la posibilidad de cada alumnos/a de asistir en cada hora o periodo horario que se establezca a la clase/taller/actividad/... que le interese, etc... Esto sí que haría una clase con esa ratio verdaderamente útil. Negar esta validez a un grupo pequeño es negar la capacidad de mayor interacción del docente con cada alumno, de estos con sus compañeros y con el/la docente, de ese pequeño grupo con otros pequeños o grandes grupos, etc... En definitiva volver a reivindicar una escuela abierta y flexible, pero en el fondo volvemos a ver una tendencia a afirmar cosas que sólo pueden hacerse desde un cambio profundo del sistema, cambio que entiendo, perdóneseme si no lo entiendo bien, el Sr. Montero no ve claro o no comparte.

Reducir el éxito o fracaso escolar, y la relación de estos con la ratio, a las notas obtenidas..."o sea, que a más niños por grupo, mejores notas. Siempre que he puesto de manifiesto este dato he provocado una cierta reacción de fastidio, pero la realidad está ahí."no viene sino a dejar claro que la visión de la escuela como formadora de pensamientos, como capacitadora de competencias, no está en la mente de muchos, sino que todo eso debe ser evaluable y cuantificable en un número, en una calificación, con lo que a mayor número menos coste por alumno/a y si además hay mejores notas, pues miel sobre hojuelas.


En fin, que como dice el comentario al artículo, que también os dejo, si hay peores notas es porque miramos más a los alumnos/as al tener menos en clase, y al haber más se les analiza menos y se les ven menos carencias. Por tanto habrá que pedir volver a los 40 alumnos/as por aula. Al menos a lo mejor así tenemos opciones de jubilarnos antes de los 67. Menos da una piedra.


La ratio

Jaime Martinez Montero

En el sistema educativo escolar la ratio es una palabra muy conocida y posee un sentido unívoco. Se trata del número de alumnos a los que, a la vez, les da clase un profesor. Por ello, cuando hablamos de que un centro o un curso tiene una ratio de 28, no se quiere decir que haya veintiocho alumnos por cada docente, sino que cuando éste da clase los destinatarios de la misma alcanzan ese número. Hago esta aclaración porque el resultado de dividir el número de alumnos por el de profesores da un índice inferior al que se conoce por esta palabra latina, como lógica consecuencia de que haya más docentes que grupos de alumnos.

Desde los años setenta hasta hoy se ha avanzado mucho en este aspecto. Fui maestro en la primera mitad de esa década, y un curso tuve en mi aula a 48 alumnos. No era el único ni eso era lo más corriente. Sí era normal que hubiese 38 o 40 chicos y chicas por clase (separados, claro, entonces se era muy pesimista respecto a la capacidad del alumnado para controlar sus apetitos concupiscentes). Bien asentada la Ley General de Educación y establecida la democracia, se hizo un gran esfuerzo para reducir la ratio en Infantil y Primaria a 30, y a 35 en las entonces enseñanzas medias. Fue la Logse la que trajo las actuales magnitudes: veinticinco en Infantil y Primaria, treinta en ESO y treinta y cinco en Bachillerato. Hoy día la ratio española está entre las más bajas de Europa.

Siempre ha estado encima de la mesa la petición de que los grupos de alumnos disminuyan su número. En el momento presente es una de las cuestiones que se plantean como objetivo del -si es que se produce- pacto escolar. Parece sensato pensar que cuantos menos alumnos haya por clase más tiempo podrá dedicar el docente a cada uno de ellos y, por tanto, mejor será la calidad educativa conseguida. Esto es verdad, siempre y cuando el profesor o profesora cambie la metodología y adopte otra más individualizada. Si hace con doce niños lo mismo que con el doble, no habrá una gran mejora de los aprendizajes discentes, pero sí un aumento de la comodidad del trabajo del docente. Ahora bien, tampoco es sensato pensar que la disminución del número de alumnos por grupo es siempre buena, y que cuantos menos alumnos haya sea siempre mejor. Así, sería deseable tener a 20 que a 25, a 15 que a 20 o a 12 que a 15.

¿Sería estupenda una enseñanza que se produjera a la vez con un grupo máximo de 10 alumnos? Rotundamente no. En las aulas los niños no sólo adquieren conocimientos, sino que aprenden también a vivir en sociedad. Conviven con sus compañeros y gracias a ello se devuelven entre sí una imagen más ajustada de sí mismos. Aprenden a modular sus respuestas en función de los interlocutores, asumen diversos roles sociales y perciben y toman buena nota, para regular su conducta, de la variedad de tipos que más adelante se van a encontrar en la vida: el solidario, el chivato, el pelota, el fanfarrón, el empollón, el despistado, el tímido, el aprovechado, etc.

Pues bien, lo que la sociología escolar muestra es que por debajo de un número crítico (20 o 18 alumnos) el clima social se resiente, los roles que entran en acción disminuyen, las oportunidades de aprender y acomodar comportamientos decrecen, y, como consecuencia de ello, se empobrece notablemente la educación social que el alumno o alumna adquiere. Los aprendizajes sociales son muy importantes para que el sujeto se sepa manejar en la vida y, desde luego, tienen una influencia más preponderante que la formación intelectual cuando se trata de desempeñar un papel activo y constructivo en la sociedad.

Pero, por no enredar, ¿es bueno que baje la ratio en los colegios e institutos? Pues según. Teóricamente sí, pero la realidad nos muestra otra cosa. Cuando se ponen en relación las calificaciones que otorgan los docentes a los escolares, por una parte, con el número de ellos que formaban el grupo, por la otra, nos encontramos, curso escolar a curso escolar, que o bien esta variable no tiene influencia en la anterior, o bien la influencia es negativa (especialmente en los centros concertados): o sea, que a más niños por grupo, mejores notas. Siempre que he puesto de manifiesto este dato he provocado una cierta reacción de fastidio, pero la realidad está ahí.

Suelo dar dos explicaciones para salir del atolladero. Desde el punto de vista de la gestión de los grupos, no repiten los mismos niños cuando el curso que sube ya viene completo que cuando éste llega medio vacío. Y finalmente recurro a la comparación con la visita al médico. ¿Qué población va a salir diagnosticada con más enfermedades? ¿La que estudia el médico a razón de 3 ó 4 minutos por visita, o aquella a la que el doctor puede dedicar a cada persona un cuarto de hora o más? Ustedes mismos.

1 Luis Pernía 21.02.2010, 18:19
Este señor es de la opinión que una persona sana es un enfermo mal diagnosticado, por lo que dice claro. Imagino, que como inspector, y jefe de los docentes de cada centro, aplicará una serie de propuestas que favorezcan la individualización de la enseñanza, los agrupamientos flexibles, etc. . . o tal vez su doctrina pedagógica se quede en haced lo que digo y no lo que hago. Sinceramente, pocos argumentos serios veo en su tribuna y más desde la posición en la que firma.