18.12.13

Regalo anticipado: Gramática de la Fantasía

Si ha habido un libro que me ha ayudado durante muchísimos años de mi oficio docente ese ha sido Gramática de la Fantasía de Gianni Rodari. ¡Cuántas y cuántas veces he recurrido a él para sacar una idea, una actividad, una inspiración que me permitiera, o al menos intentara, que la clase fluyera por ámbitos de creatividad y luz! Hoy, como regalo anticipado, os dejo este enlace en el que podéis ojearlo a fondo sabiendo que una vez que entremos en él siempre volveremos.




“La función creadora de la imaginación es esencial tanto para los descubrimientos científicos como para el surgimiento de la obra de arte”

 Gianni Rodari

10.12.13

Cuando PISA nos pisa.

Vivimos en una época en la que sin estadísticas, sin gráficas o tablas comparativas de resultados, sean de lo que sean, parece que no somos capaces de vivir. Al final de la entrada os dejo un curioso reportaje que publicó ABC allá por el 2009.

Algo así pasa periódicamente con la educación. Así tenemos las pruebas Escala, las Pruebas de Diagnóstico y el siempre recurrente Informe PISA. En el último es de risa cómo todo el mundo ha mejorado, según ellos mismos. Nihil novum sub soleY la verdad es que no es de recibo el informe.¿Por qué? Este estudio es una ilusión que la OCDE fomenta y que ha creado una inercia que no nos va a llevar a ninguna parte.  Aquí os dejo algunas razones, de esas que no se dicen, porque no son de las llamativas para lo que se pretende:


  • La distancia con la media de la OCDE es de entre cinco o diez puntos en una escala de 500: entre el 1% y el 2%. España está prácticamente en la media de la UE y en el bloque de los países desarrollados.
  • Sólo el 26% de los alumnos asisten a escuelas en las que existe algún tipo de asesoramiento (mentoring) a los docentes para mejorar su docencia, lo que en la OCDE sucede en los centros del 72% del alumnado.
  • Si tenemos en cuenta el ESCS, por sus siglas en inglés, indica el nivel socioeconómico y cultural de las familias de los alumnos evaluados en PISA, nuestro país estaría en un lugar absolutamente distinto.


Esto indica que los buenos resultados obtenidos por estos países se deben, en parte, a su alto índice de bienestar socioeconómico y cultural, y que a medida que este nivel se iguala al promedio de la OCDE, sus resultados bajan. Por el contrario, en países como Turquía, Chile, Japón, Polonia o España, al tener en cuenta el contexto social, económico y cultural se produce una mejora de los resultados académicos de los alumnos.Lo que evalúa PISA son unas competencias muy básicas. No se trata de lo que saben los alumnos, sino de los problemas que son capaces de resolver. Y eso no se aprende en la escuela. O no sólo. Se aprende en la vida. En casa, en los círculos en los que te mueves, con tu familia. Por eso el factor socioeconómico marca muchas más diferencias que las que podemos encontrar entre las escuelas.

  • Hasta ahora el informe PISA había incidido en que el estatus económico del que disponían los alumnos/as no se proyectaba en el rendimiento escolar, pero en este último informe ya comienza a abrirse una brecha entre aquellos que tienen familias con rentas altas y los alumnos y alumnas que han visto decrecer los recursos familiares, producto de las condiciones económicas que atravesamos. Esta brecha será más profunda tras la implantación de la LOMCE, una ley elitista y segregadora que profundiza en las desigualdades sociales y económicas
  • España es, junto a Corea del Sur e Irlanda, el país que más ha mejorado su nivel educativo durante los últimos cincuenta años.
  • Los niños asiáticos consiguen buenos resultados incluso cuando estudian en Alemania o Estados Unidos. De nuevo queda claro que el factor más determinante es la herencia cultural, no el modelo educativo.
En fin, que quien no se consuela es porque le pisan con PISA. 

Y ahora unas risas.


Los diez estudios científicos más absurdos de los últimos años
Un gráfico del estudio sobre la forma de defecar de los pingüinos premiado en 2005
El saber no ocupa lugar, pero algunas investigaciones científicas responden a preguntas a todas luces irrelevantes y absurdas, parecen sacadas de un laboratorio dirigido por un grupo de locos o tienen presentaciones tan extrañas que, sin ahondar en ellas, resultan ridículas, desconcertantes o incomprensibles. Son el tipo de estudios que se han ganado el dudoso honor de entrar en las listas de los Ig Nobel, unos galardones que la revista humorística Annals of Improbable Research (AIR) concede desde 1991 a los estudios más insólitos del año. Los premios se entregan en la Universidad de Harvard y, según la tradición, reciben ese nombre en recuerdo a Ignatius, hermano ficticio de Alfred Nobel. Lejos de intentar ofender, responden al lema de que los galardonados «primero tienen que hacer reír a la gente, y luego hacerle pensar». Como los próximos Ig Nobel se entregarán este jueves, podemos calentar motores con algunas de las investigaciones más incomprensibles o divertidas premiadas en sus últimas ediciones, algunas de ellas recogidas en la edición online delDaily Telegraph. El lector puede juzgar por sí mismo:

Las pulgas de perro saltan más alto que las pulgas de gato (Ig Nobel de Biología, 2008):
Este estudio compara las marcas de salto de las pulgas de perro (Ctenocephalides canis) con las de gato (ctenocephalides felis felis). Al parecer, las primeras no tienen rival. Contemplar cómo el equipo de investigación debió de tirarse un buen rato haciendo saltar a las pulgas tuvo que ser impagable.

Las ratas no siempre distinguen el japonés hablado al revés del holandés hablado al revés (Ig Nobel de Lingüística, 2007):
¿Para qué sirve semejante conclusión? Por lo visto, los científicos trataban de encontrar similitudes entre los bebés humanos y los cachorros de otros mamíferos, con el fin de determinar mejor los orígenes evolutivos de la palabra, pero ofrecieron este conocimiento «clave» para el desarrollo de la humanidad. En el estudio participaron tres investigadores de la Universidad de Barcelona.

La «bomba gay» (Ig Nobel de la Paz, 2007):
El galardón se lo llevó el Laboratorio de la Fuerza Aérea de Wright Patterson, en Ohio, que sopesó fabricar una «bomba gay» para provocar la homosexualidad en el enemigo y con ello minar la moral y la disciplina de las tropas. El proyecto fue presentado en 1994, con un presupuesto de 7,4 millones de dólares, según un documento secreto conocido en 2005.

Un masaje rectal con los dedos para curar el hipo (Ig Nobel de Medicina, 2006):

Nada de tragos de agua. Esta investigación publicada en la revista Annals of Emergency Medicine sugiere que para tratar el hipo persistente, ése que no se va de forma alguna, un dedo bien situado donde la espalda pierde su nombre puede obrar maravillas. Según los autores, la terapia es más recomendable que los fuertes fármacos antiespasmódicos. Lo que no aclaran es si el tratamiento ha de aplicarse sin previo aviso para que sea más efectivo.

El sabor de vainilla puede extraerse de las heces de las vacas (Ig Nobel de Química, 2006):
Los estudios sobre excrementos siempre tienen éxito en los Ig Nobel. En este caso, el investigador principal, Mayu Yamamoto, aseguraba haber obtenido sabor a vainilla de heces de vaca. Sin hacer de menos el logro, ¿quién es capaz de tragarse semejante postre?

¿Por qué los pájaros carpinteros no sufren dolores de cabeza? (Ig Nobel de Ornitología, 2006):
Si uno ha observado alguna vez a un pájaro carpintero haciendo su trabajo, la pregunta tiene sentido. La respuesta es que el cerebro del ave está más apretado dentro del cráneo para maximizar la superficie de impacto y reducir el movimiento hacia los lados.

El mosquito de la malaria se siente tan atraído por el queso Limburger como por el olor de pies humanos (Ig Nobel de Biología, 2006):
El estudio fue publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet. La bacteria implicada en la producción del queso está muy emparentada con otra que vive en los pies humanos, y a los mosquitos les parece irresistible.
Los pingüinos pueden defecar a 40 centímetros de distancia (Ig Nobel de Dinámica de fluidos, 2005):
A esta conclusión llega un estudio publicado en Polar Biology sobre cómo defectan los pingüinos de Barbijo, que habitan en aguas antárticas. No contentos con eso, los investigadores apuntan que sería necesario realizar otra expedición para conocer si la postura que toma el animalillo para la expulsión de las heces depende de la dirección del viento. Si la llevan a cabo, los autores son firmes candidatos a ganar otro Ig Nobel.

Las tasas de suicidio se relacionan con la cantidad de música country emitida en la radio (Ig Nobel de Medicina, 2004):
«El efecto de la música Country en el suicidio» (Social Forces), asegura que este tipo de melodías hace que la gente se quite la vida, algo que tampoco resulta tan extraño si la emisora no cambia de estilo.

Los patos pueden ser necrófilos homosexuales (Ig Nobel de Biología, 2003):
Es absolutamente relevante conocer el primer caso de necrofilia homosexual en el ánade real (Anas platyrhynchos) recogido en la revista del Museo Rotterdam de Historia Natural: «Cerca del pato obviamente muerto (... ) otro macho de ánade real montó el cadáver y comenzó a copular con gran fuerza». El párrafo es literal
.

3.12.13

La autoridad del profesor.

Uno de los temas que recoge muchos de los debates sobre educación es el papel que debe tener la autoridad del profesor en su microcosmos del aula, y por extensión a sus relaciones con la comunidad educativa.

Como en cualquier tema hay posturas disparatadas, como esta propuesta de dotar de tarimas las aulas en la Comunidad de Madrid "para tener más autoridad", que está magníficamente comentada por el profesor Santos Guerra en su adarve particular, y que aconsejo leer.

Ya sabemos que en una sociedad como la nuestra, el concepto de autoridad tiende más a imponerse que a ganarse por méritos propios. Pero la escuela debe aislarse de ese tipo de ideario y crear y transmitir que la autoridad es otra cosa, máxime si hablamos de la del maestro. La autoridad del docente no reside en su tarima, en su posición por encima de su alumnado. La autoridad en un aula se gana desde que se pone el primer pie dentro de la misma, mirando sin catalogar, escuchando con interés, siendo coherente en sus actos y decisiones, preocupándose por quien nos escucha,...En definitiva la autoridad del docente es una autoridad del conocimiento, no solo curricular, sino profesional, aunque los tiempos tiendan a volvernos al SXIX.

Ya solo falta que propongan la vara, los libros en las manos y las orejas de burro, aunque más de uno y de una, sin llevarlas, solo sabe hacernos llegar sus rebuznos. Eso si en formato BOJA y/o BOE.


21.11.13

Pipas.

Hoy un momento visual con este corto para reflexionar sobre muchas cosas. Seguro que alguna vez hemos estado en una situación así y hemos reflexionado, más o menos, sobre lo mismo. Con pipas o sin ellas.


video

18.11.13

Calidad y Equidad en Educación.


Estamos siendo bombardeados todos los días, por todas las tendencias, con una especie de mantra, que yo mismo repito y utilizo, en el que dando igual quien lo diga y desde dónde lo dice, el objetivo es una educación pública de calidad. Lo de gratuita ya parece que lo decimos menos.

Y claro, enlazando con la cita de la entrada anterior en la que decíamos que la palabra, dependiendo del uso que se le da, va perdiendo su esencia, el término "calidad" hay días que no sabemos a qué se refiere. 


Por eso, viendo en las noticias cómo un alumno de una universidad chilena repetía aquello de "pública, de calidad y gratuita" recordé este viejo artículo que os dejo a continuación. No es una genialidad, probablemente tenga contradicciones, pero cuando lo leí me gustó y por esos juegos de azar que controlan nuestros recuerdos, tras la noticia antes referida, buceé en las carpetas del ordenador y aquí os lo dejo.


Pertenece a la Revista Iberoamericana de Educación, en concreto en su número 23, cuyo autor es Jorge R. Seibold

1. Introducción

Nuestra contribución a este panel sobre «La familia, la sociedad y los medios de comunicación: trama y contexto del sistema educativo formal» se hará desde la perspectiva de la calidad educativa.
No cabe duda de que todos los esfuerzos que puedan hacerse en un país por la educación serán siempre pocos si se contempla la magnitud de la tarea. Es por ello por lo que debe mirarse bien dónde se pone la mayor parte del esfuerzo para que el resultado sea acorde con las expectativas, que brotan de un proyecto consensuado.
Son innumerables las variables que pueden ser activadas y desplegadas en orden a mejorar el servicio educativo, y en particular a vincular los logros de la institución escolar con la familia y la sociedad. Todas esas iniciativas pueden encontrar enconados defensores y razonables argumentaciones.
Nuestro aporte reflexivo se inscribe en un nivel previo a estas iniciativas del todo convenientes para una buena planificación. El interés que nos mueve está ahora en introducirse en tres tópicos íntimamente unidos en el ámbito educativo, a saber: la calidad, la equidad y los valores, que son como las condiciones necesarias y trascendentales que acompañan cualquier cambio o proceso de transformación educativa. No tenerlas en cuenta o no calibrarlas convenientemente sería un error de óptica lamentable, que tarde o temprano comprometería cualquier intento serio de transformación educativa. Por eso, en nuestro acto de reflexión no deben obviarse las tres preguntas esenciales que acompañan y orientan todo proceso de transformación educativa: ¿A qué calidad educativa aspiramos? ¿Qué equidad educativa sostendremos? ¿Qué valores impregnarán nuestra tarea docente? Las respuestas que demos a estas preguntas conformarán un nuevo concepto de calidad educativa en el que estén integrados tanto la equidad como los valores de nuestra propuesta educativa. A este nuevo concepto lo llamaremos «calidad integral».
Nuestra breve reflexión tendrá tres apartados. El primero se refiere al concepto que manejamos habitualmente de «calidad educativa», ponderando sus logros y sus límites. El segundo describe los nuevos avances del concepto de calidad educativa a partir de la idea de «calidad total», de contextura socioeconómica. También aquí consideramos sus aportes y sus límites. Finalmente, describiremos la noción aquí propuesta de «calidad integral», que introduce en la «calidad» educativa los conceptos de «equidad» y de «valores». Esto nos permitirá apreciar mejor la continuidad de la educación con la familia, la sociedad y los medios de comunicación social, ya que ellos forman la trama y el contexto del sistema educativo formal.

2. El concepto tradicional de «calidad educativa»

El concepto de «calidad educativa» es relativamente reciente en la literatura pedagógica. Desde el siglo XVIII, para no remontarnos más atrás, las mejoras en la educación se han ido sucediendo sin solución de continuidad, gracias en gran parte a las políticas educativas implementadas y a la variedad de métodos pedagógicos empleados2. En todo ello no se buscó solamente lo cuantitativo al crear más escuelas y facilitar el acceso a nuevas poblaciones escolares, sino se intentó favorecer lo cualitativo mejorando los niveles de enseñanza. La «mejora» de la educación, así se decía, debía cubrir ambos aspectos.
A partir de la segunda guerra mundial se produce en los países centrales, que tenían asegurada una buena infraestructura educativa para toda la población, un movimiento para impulsar una mejora cualitativa de la educación, considerando los nuevos desafíos de la sociedad. Esto hizo que se impusiera en la literatura pedagógica y en las políticas científicas el tema de la «calidad educativa».
Si el tema se había impuesto, no lo estaba el concepto. De ahí el problema que todavía se debate. ¿Qué entendemos por «calidad educativa»? Una extensa bibliografía a la que aquí no podemos hacer referencia se dedica a esclarecer este problema. Para nosotros, como lo sostendremos en este ensayo, el concepto de «calidad educativa» es complejo y entraña diversas dimensiones que lo articulan en una unidad verdaderamente integral. A esta integridad nos referiremos más adelante. Ahora nos interesa la noción más tradicional de calidad educativa, que la consideraba como el resultado de la introducción de más amplios y actualizados contenidos y de mejores métodos pedagógicos. Era el «reformismo pedagógico», que suponía un poco ingenuamente que con una simple «modificación de planes» o de «prácticas pedagógicas» se iban a obtener mejores resultados. En realidad esta orientación estaba ligada a evaluaciones con fuertes connotaciones reductoras, centradas en la obtención de resultados relacionados casi exclusivamente con la esfera de lo cognitivo.
Un ejemplo de tal perspectiva puede verse entre nosotros en las evaluaciones que periódicamente rigen en el Sistema Nacional de Evaluación, a fin de controlar la eficacia y la eficiencia del proceso educativo argentino3. Por lo general, en nuestro medio dichas evaluaciones han consistido en pruebas de rendimiento realizadas en las áreas de matemática-ciencias y lengua4. En los últimos años se han introducido en estas evaluaciones modernas tecnologías que en substancia no han variado su óptica, la cual ha permanecido ligada a evaluar sólo los resultados cognitivos de los aprendizajes. Por eso, al privilegiar estos aspectos se dejaban de lado otros no menos importantes como son los que pertenecen a otras áreas del conocimiento, y, lo que es más grave, se ignoraban otras dimensiones del ser humano ligadas al conocimiento como son el saber valorar, el saber decidir, el saber hacer, el saber actuar, y que afectan también a los pilares de la educación5.
Este reduccionismo de la evaluación tradicional permitió establecer rápidas correlaciones entre el aprendizaje y el contexto socioeconómico de los alumnos. Con ello, y sin examinar otras correlaciones, se atribuyó a causales socioeconómicas el éxito o el fracaso escolar, condiciones que ciertamente afectan al nivel de calidad educativa que esos centros pueden ofrecer, pero que de ningún modo lo determinan si se atiende a otras causales6.
Dichas evaluaciones de calidad tampoco alcanzan por lo general a los «resultados externos» de la educación, como pueden ser aquellos que reflejan la inserción del educando en la sociedad, tanto en su vida familiar y local como en la laboral o de política ciudadana, según haya recibido tal o cual orientación educativa7. Tampoco ha sido objeto de estas evaluaciones el impacto que la educación produce en el imaginario social o en la cultura del pueblo, ni el rico acervo cultural que, como conjunto de saberes provenientes en su mayor parte de tradiciones familiares, acompaña a cada educando cuando ingresa a la escuela, y que con su presencia afecta al propio proceso de enseñanza-aprendizaje. La escuela está íntimamente ligada a la cultura y no se la puede evaluar sin hacerlo simultáneamente con la cultura de sus protagonistas.
El «Informe Delors» de la Unesco, de 1996, subraya que la educación tiene como fundamento cuatro grandes pilares o aprendizajes: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir con los demás, y aprender a ser8. Todo esto significa que la calidad educativa no resulta de los logros de excelencia de una sola de sus áreas. Tal parcialidad de las pruebas evaluativas afecta al resultado, por más que la escuela tenga un espectro más amplio de expectativas en cuanto a su calidad, y por más que esos limitados indicadores puedan dar alguna idea de niveles de calidad objetiva y dar pie a correlaciones con otros índices educativos o con causales que la producen9. Correlaciones y causales que, por otro lado, suelen ser muy útiles en la diagramación de las políticas educativas.
Eso hace que, sin dejar por el momento de lado dichos procedimientos tradicionales, deba avanzarse hacia estrategias más «integrales», en correspondencia con una «calidad» más integrativa de aquellos aspectos fundamentales que afectan al fenómeno educativo en cuanto tal.

3. La «calidad total» educativa

En los últimos años se ha introducido en el mundo empresarial un nuevo concepto de «calidad» denominado «calidad total»10. Este concepto de «calidad total» surgió en la postguerra como una exigencia de elevar los valores estandarizados de calidad que regían las producciones de bienes y servicios en la década de los 30, en orden a satisfacer una mayor demanda. Dicha idea, elaborada primero por americanos y japoneses, y luego, a partir de los 80 por europeos, se ha ido enriqueciendo con el tiempo. Aquí nos basta sintetizarla con la enumeración de las cuatro características o condiciones que deben ser cumplidas para poder hablar con propiedad de «gestión de calidad total» (Total Quality Management=TQM)11.
Su primera característica pone énfasis en la satisfacción del «cliente» con sus demandas tanto explícitas como ocultas, que pueden llegar a ser descubiertas y satisfechas por una oferta inteligente. La «calidad total» exige, en segundo lugar, la «mejora continua» de la gestión empresarial y de sus procesos. Unida a esta exigencia está, en tercer lugar, la necesidad de una «participación» gratificada y gratificante de todos los agentes intervinientes en la producción empresarial. Ya no se trata, como era antes, de una gestión específica del «departamento de calidad» de la empresa. Ahora todos, desde el presidente hasta el último empleado, están involucrados en la mejora de la calidad, para lo cual deben asumir una función de creciente liderazgo sustentada en la competencia y la motivación, que no están exentas de valores12. Por último, se exige que haya un nivel de «interrelación» de las empresas, que transforme la tradicional competitividad empresarial en acuerdos cada vez más francos, que garanticen una máxima calidad de oferta y un acceso leal al mercado.
Este concepto empresarial de «calidad total» ha tenido su versión o sus versiones en el campo educativo13. Para ello ha debido sufrir profundas transformaciones tanto en su nomenclatura técnica como en sus conceptos. Pero su nueva versión no ha podido disipar las desconfianzas que todavía se suscitan en el ámbito educativo por su proveniencia empresarial. Por más aportes que pueda suministrar al ámbito educativo un modelo «empresarial» de gestión, no puede contener de ningún modo los principios últimos que inspiran un modelo «personalizado» de gestión educativa.
En el modelo de calidad total educativa el «foco» se pone también en el «destinatario» del quehacer educativo, que es ante todo el educando, llamado «beneficiario»14, que ocupa el lugar del «cliente» en el ámbito empresarial. Tal posición central del «educando» es coincidente con los avances de la nueva pedagogía, que ha desplazado la importancia que en otros tiempos tuvieron los «contenidos» o los «docentes» y que ahora posee el mismo sujeto de la educación que es el educando, pero sin descuidar el rol del docente ni el de los contenidos educativos.
Pero para poder centralizar el acto educativo en el sujeto es preciso, en segundo lugar, mejorar y optimizar «la gestión educacional de un modo continuo»15. Para ello la escuela necesita tener bien claro su proyecto educativo, sus propuestas didáctico-pedagógicas, sus estructuras institucionales y sus propios procesos de gestión. Las reformas en calidad total son de naturaleza continua y deben ser llevadas con constancia por toda la comunidad educativa. Vale más una acción continua que muchas esporádicas. Esto implica, en tercer lugar, tener en cuenta la «participación» de todos los docentes de una institución educativa y de todos aquellos que son parte de la comunidad educativa como los directivos, padres y personal no docente16. Por último, también es necesario arbitrar los medios para que las instituciones escolares no entren en la «competencia» escolar a fin de ganar «matrículas», práctica que lamentablemente ya está instalada entre nosotros en los más diversos niveles. La situación educacional es de tal gravedad que exige de todos un gran acuerdo17.
Son innegables las ventajas que los análisis de la «calidad total» han introducido en la práctica educativa. Su actitud sistémica permite ver la escuela como un todo unido a su medio socioeconómico. Pero este parentesco tan estrecho con la cultura de la globalidad imperante hace que la calidad total endiose a la efectividad y a la eficiencia como las supremas categorías del funcionamiento escolar correcto18. De este modo el proyecto educativo queda reducido a la simple correspondencia funcional entre objetivos planificados y rendimientos constatados dados en un proceso de continua adecuación, como lo ejemplifica el ciclo de Deming19. A esta perspectiva le falta el impulso de los «fines», que más allá de los «objetivos» inmediatos anima con sus valores trascendentes el «ideario» del proyecto educativo de una institución. Tal carencia de «fines» hace que muchas veces la perspectiva de la calidad total esté también reñida con los más elementales principios de la equidad. Aquí es donde el concepto de «equidad» debe introducirse e integrarse en el concepto de «calidad».
La «equidad» en educación tiene que ver, en general, con la igualdad de oportunidades y con el respeto por la diversidad. Pero esta «equidad» educativa, más que «igualdad aritmética», es «igualdad proporcional», ya que tiene en cuenta la asignación de sus recursos a los más desprotegidos y débiles del Sistema Educativo, que son los pobres y los sectores marginales de la sociedad. En ese sentido la búsqueda de calidad educativa «implica justicia»20. Esta «justicia», para ser plena, debe focalizar acciones en favor de los más pobres en dos líneas complementarias. La primera es la que provee «recursos materiales» para posibilitar la enseñanza-aprendizaje de esos sectores pauperizados de la población, como pueden ser los recursos de infraestructura, de materiales didácticos, los refuerzos alimentarios, la vestimenta, la salud, etc. La segunda es la que provee «recursos formales», que son más importantes aún que los anteriores, ya que atañen al apoyo directo de las propias prácticas pedagógicas que tienen lugar en ese marco. De nada valdría enviar libros de lectura («recursos materiales») a esos sectores, si no se les proporcionara a los maestros los medios didáctico-pedagógicos («recursos formales») que son imprescindibles para que los alumnos puedan progresar en la lectura comprensiva de esos textos. Si no se les facilita esta última ayuda las estadísticas mentirán, porque el auxilio material no basta para elevar el nivel cultural de la población. Y también sería del todo irracional promover escuelas de «alta calidad» en función de sus elevados ingresos, como hacen algunos, sin ver o sin querer ver que al lado hay escuelas que no pueden alcanzar un mínimo de calidad por lo exiguo de su presupuesto, que no sólo no alcanza para pagar a sus maestros con dignidad, sino que ni siquiera pueden proveerse de lo mínimo requerido para su equipamiento tecnológico. El requisito es, pues, aspirar a una escuela de calidad integral para todos. Y este principio no vale únicamente para la política educacional del Estado, sino que debe tener vigencia en la sociedad civil y entre los particulares.

4. La «calidad integral» educativa

Nuestra idea de calidad educativa integral21, como hemos visto, incorpora a la equidad, que es un valor, pero también a los restantes valores en su más completa amplitud y profundidad. No debe olvidarse que los valores son tanto «extensivos», es decir, que alcanzan a los más diversos aspectos de la realidad, como «intensivos», o sea, que poseen un grado de profundidad dependiente de la comprensión y de la preferencia humana que los constituye22.
Los valores se hallan así presentes de doble manera en todos aquellos contenidos que deben ser evaluados. En la actual reforma educativa argentina se ha reconocido que los contenidos de la educación no son, como lo eran antaño, meramente cognoscitivos. Hoy en cualquier currículo de la Educación General Básica, por tomar un ejemplo, los contenidos son de naturaleza triple: cognoscitivos, procedimentales y actitudinales, en plena concordancia con los cuatro fundamentos de la educación recomendados por el Informe Delors.
Y los valores no solamente permean a los contenidos actitudinales —entre los que se encuentran los valores morales, tan capitales para comprender el concepto de persona—, sino también a los cognitivos (¡pensemos sólo en el valor de «verdad» en una ecuación matemática!) y a los procedimentales (¡pensemos en los valores de «solidaridad» y «honestidad» puestos de manifiesto en cualquier trabajo grupal o en un simple juego!).
Formar en valores tiene una trascendencia que va más allá de la escuela. No se forma para pasar un examen, sino para la vida. Una educación de calidad en valores debe plasmar la vida de los niños, de los adolescentes, de los jóvenes, del hombre y de la mujer, asumiéndolos siempre como personas en el sentido más profundo de su significación espiritual, es decir, dotados de la dignidad de ser libres y revestidos desde dentro por las virtudes más insignes, tales como eran la «virtud» o «excelencia», la «areté» de los antiguos griegos, que imprimían en el hombre un sello auténtico de humanidad, más allá de las competencias a que esa virtud los habilitaba23.
Esa formación invita así a entrar en el tejido humano de las relaciones sociales, que se entretejen en la familia, en las sociedades intermedias, y luego, con nuevas competencias, en la vida laboral y política24. Esa formación tampoco deja de imprimir sus huellas en un sujeto abierto a valores y realidades trascendentes y por eso mismo absolutas.
En una palabra, puede afirmarse —coincidiendo con Max Scheler25—, que los valores en su más variada gama, como son los valores sensibles, útiles, vitales, estéticos, intelectuales, morales y religiosos, atraviesan de lado a lado la institución escolar, junto con sus estructuras y protagonistas, e igualmente al «imaginario social» en el cual está inscrita. Los valores resultan así consubstanciales a la sociedad y a las instituciones que la integran. Esto hace que cada institución educativa deba ser muy consciente de los valores que asume como propios y de los antivalores a los que está expuesta.
Tal conciencia de valores debe explicitarse en el ideario del Proyecto Educativo Institucional (PEI), y testimoniarse mucho más en el compromiso diario de su personal directivo, de sus docentes y no docentes, de los alumnos, de las familias, y también debería ser visible en las estructuras administrativas, en las metodologías y contenidos curriculares y en las prácticas de enseñanza-aprendizaje que afectan al «acto» concreto educacional de cada día. La calidad integral educativa debe impregnar, por lo tanto, la totalidad del proceso educativo, y la evaluación, en correspondencia con este proceso, deberá ayudar a consolidar y no a encubrir la transformación educativa en marcha en cualquier institución escolar.
Todo eso nos hace presentir que esta «calidad integral» no será fácil de evaluar por los métodos actuales. Una evaluación de calidad sensible sólo a los modelos economicistas de educación va a favorecer ciertos perfiles que respondan a tales tipos de demandas. Por ejemplo, se evaluará la gestión educativa en cuanto sea capaz de formar sujetos con competencias para resolver problemas o con capacidades solicitadas ahora por las empresas para innovar en un mercado altamente competitivo. Sus resultados tenderán a mejorar las performances de la institución educativa en esa línea empresarial. La calidad integral no se niega a enfrentar estos desafíos, pero rehusa someterse a la lógica meramente economicista que se le ofrece. Es por ello por lo que para evaluar en términos de calidad integral se debe apelar a nuevas formas de evaluación y de autoevaluación, no sólo de los alumnos sino de todos los agentes que intervienen en la gestión educacional, incluidos la familia y la sociedad.
La evaluación, al igual que la calidad educativa, es una realidad compleja26. Depende de varios factores y no se deja acotar solamente por el indicador de un solo resultado. Sin querer describirla de un modo exhaustivo, podríamos decir que la calidad educativa de una institución escolar —para tomar una referencia concreta— puede ser evaluada de un modo integral si se tienen en cuenta, al menos, tres «factores» que inciden en su conformación: el sociocultural, el institucional-organizativo y el didáctico-pedagógico, que forman como su «contexto» concomitante. A este triple contexto nos referiremos ahora brevemente. Un estudio más detallado debería enumerar y precisar los diversos indicadores de calidad integral, a fin de evaluar lo más objetivamente posible la calidad integral de una institución escolar.

4.1. El contexto sociocultural de la calidad integral

El primer factor es el «contexto sociocultural» en el cual la institución escolar vive y se desarrolla. Ella no vive en el aire. Necesita un «hábitat» o marco cultural-axiológico y socioeconómico en el que esté inscrita y con el cual mantenga un permanente flujo y reflujo de dar y recibir. Es en este medio donde se descubren las aspiraciones y necesidades más elementales de la familia y de la comunidad. Los alumnos serán vivos portadores de un imaginario social rico en determinaciones tradicionales, modernas y postmodernas que introducirán en el aula, y que será responsabilidad del docente descubrir, reconocer y alentar a fin de reelaborarlo con nuevos y significativos saberes. Así se formará un «clima» inculturado propicio para el reconocimiento de las identidades personales y para el acrecentamiento de la calidad educativa.
Es también en este imaginario social donde anidan las demandas y las problemáticas más acuciantes que agitan a los jóvenes y conmueven a la comunidad, como son la pobreza, la exclusión, la violencia, el desempleo, el consumismo, el SIDA, la contaminación ecológica, etc., y que de un modo u otro deberán ser asumidas como «temas transversales» en el currículo inculturado de esa institución escolar. Esta realidad compleja del «contexto sociocultural» abre toda una serie de nuevos indicadores, no reducibles a lo meramente económico, y que serán de vital importancia para comprender de un modo más integral las correlaciones que se dan entre «contexto sociocultural» e institución escolar en cuanto a calidad educativa, tanto en el impacto de la sociedad sobre la escuela, como de ésta sobre aquélla.

4.2. El contexto institucional-organizativo de la calidad integral

El segundo factor que afecta a la calidad educativa de una escuela lo proporciona su propio «contexto institucional-organizativo», que la sostiene en un complejo entramado donde se entrecruzan variados procesos articulados por el Proyecto Educativo Institucional (PEI), que le da su espíritu y su forma institucional27. Es en este vértice donde se sitúan los grandes principios rectores de la institución y su base axiológica, de la que dependerá intrínsecamente el deber ser de su calidad educativa. Aquí se abrevarán diariamente tanto los directivos como los docentes, el personal administrativo y de servicios, los padres y, en general, toda la comunidad educativa.
Una escuela sin Proyecto Educativo Institucional elaborado y compartido por toda la Comunidad Educativa, al que se remite constantemente en su propio accionar, se parecerá más bien a una máquina que funciona sin ton ni son, sin norte ni motivaciones profundas que alienten su quehacer. De ella no se podrá esperar ninguna excelencia ni búsqueda constante para mejorar su oferta de calidad educativa.
Centrados por el PEI se vertebran al menos tres procesos convergentes en una unidad coherente dentro del «contexto institucional-organizativo»28. El primero alude a la dirección de los órganos de gobierno de la institución escolar. El segundo al nivel operativo, donde es importante tanto el docente como los alumnos y la infraestructura necesaria para que se pueda ejercer la función propia del establecimiento educativo, como es la función enseñanza-aprendizaje. El tercero, finalmente, se refiere al nivel de apoyo, imprescindible también en toda escuela, y apunta a los servicios administrativos y auxiliares que complementan toda la labor educativa del centro.
Cada uno de estos procesos es rico en indicadores de calidad educativa. Así, uno podría evaluar, por ejemplo, el grado de compromiso que los directivos tienen en relación con el PEI y su contenido axiológico. Los indicadores habituales suelen medir sólo eficacias y eficiencias a un nivel meramente pragmático. Los indicadores de calidad integral son más exigentes, porque están calibrados en valores y no en actividades pragmáticas. Es aquí donde el liderazgo de los directivos tiene un ancho margen para crecer indefinidamente y evitar cualquier aburguesamiento prematuro. Otros indicadores podrán traducir la competencia profesional de los docentes, su actualización permanente, su relación con otros colegas para compartir con ellos la gestación y puesta en práctica del currículo anual, etc.
De modo semejante se podrían diseñar otros indicadores para reflejar otras muchas funciones que el docente pudiera desempeñar para elevar la calidad educativa del centro. Un indicador muy pertinente a este respecto es el grado de adscripción y dedicación que el docente tiene con la institución escolar a la que pertenece. Hoy, por su precaria situación económica, muchos docentes deben estar adscritos a varias instituciones simultáneamente, cumpliendo en cada una de ellas funciones a tiempo parcial, pero sin estar vinculados a fondo con ninguna en particular. Esta lamentable situación afecta sin duda a la calidad educativa del centro. Otros indicadores deberían reflejar el uso adecuado de nuevos recursos tecnológicos en la escuela. La existencia del mero recurso, digamos de una sala de computación, no es garantía de calidad educativa. El indicador debe reflejar no el recurso aislado, sino el buen uso del recurso. Y esto está también ligado a los valores y a los fines y objetivos del proceso educativo.

4.3. El contexto didáctico-pedagógico de la calidad integral

El tercer factor que afecta a la calidad educativa lo proporciona el inmediato «contexto didáctico-pedagógico» propiamente dicho. Aquí está en juego el arte de todo el proceso educativo, ya que en su irrepetible inmediatez tanto el docente como los alumnos deben poner en acción todo lo que está previsto en los niveles previos y más alejados tanto del «contexto sociocultural» como del «contexto institucional-organizativo». Aquí se indican planteamientos didáctico-pedagógicos que tienden a presentar el nuevo rol del maestro, que deja la tradicional función de ser mero transmisor de conocimientos para convertirse en acompañante de sus alumnos, quienes ahora tienen la tarea de construir con su conducción, con la ayuda de toda la comunidad educativa y la provisión de medios tecnológicos adecuados, no sólo nuevos conocimientos sino también habilidades y actitudes valorativas de excelencia29. Igualmente, el «currículo» efectivizado paso a paso en el proceso concreto de enseñanza-aprendizaje desempeña un rol muy importante para crecer en calidad educativa.
Diversos indicadores deberían reflejar las distintas virtualidades de los maestros y de los alumnos, como también del currículo, en orden a alcanzar la excelencia educativa. Algunos indicadores tendrían que apuntar a los contenidos, otros a la metodología. Ninguno de ellos debería estar privado de alguna referencia a los valores que impulsa el PEI y que actualizan el currículo anual para los diversos niveles y cursos de la escuela. Los contenidos, como hemos mencionado más arriba, deben estar abiertos a lo conceptual, a lo procedimental y a lo actitudinal, tal como se despliegan en las actividades del aula, en la escuela y en su contexto sociocultural. Esta triplicidad de contenidos garantiza una comprensión integral de la calidad educativa que se quiere implementar. Otras iniciativas pedagógicas, como la de los «temas transversales», podrían enriquecer esta perspectiva en valores30. Del mismo modo, las modernas pedagogías personalistas y constructivas del conocimiento, que dan amplio campo a la iniciativa del alumno bajo la conducción del docente, son también un fuerte incentivo para crecer en calidad educativa por los resultados y valores que despliegan. Todo esto conduce a forjar nuevos indicadores que reflejen tanto cualitativa como cuantitativamente esas nuevas posibilidades de la calidad educativa.
Una evaluación integral deberá atender cuidadosamente los tres factores fundamentales que afectan el resultado final del hecho educativo. De lo contrario caerá en falsas apreciaciones, como las que pueden surgir cuando se comparan ciertos logros con la trama sociocultural que ella manifiesta en sus alumnos, sin el debido discernimiento. Estas evaluaciones, hechas con franqueza y verdad, ciertamente ayudarán a mejorar la institución escolar, las performances en calidad de los alumnos, y devolverán con creces a la sociedad lo que ésta ha invertido en la educación. La evaluación debe dejar de ser un instrumento del Estado para controlar el nivel educativo de la población estudiantil. Es preciso que los procedimientos evaluativos se conviertan en un medio que ayude a las propias escuelas a mejorar su calidad educativa. Así, algunos de estos métodos permitirán conocer mejor las experiencias de los alumnos, que son la base de la adquisición de nuevos saberes realmente significativos en la escuela.
De tal manera podría eliminarse la brecha existente actualmente entre cultura popular y cultura escolar o ilustrada, presentadas muchas veces como culturas antagónicas y contradictorias. También podrían comenzar a comprenderse mejor los «desniveles» en calidad educativa en escuelas situadas en lugares con culturas propias. En esta perspectiva no sería extraño que una escuela de la quebrada de Humahuaca o de Tierra del Fuego tuviera índices de calidad integral superiores a otra de la Capital Federal, ya que la evaluación educativa deberá tomar en cuenta ahora otros factores que afectan a la integralidad del hecho educativo. Avanzar en esa dirección hacia una calidad integral será, sin lugar a dudas, uno de los más grandes desafíos de la educación de nuestro siglo XXI.

Notas

1 Este trabajo fue presentado en un panel en el marco de las «Segundas Jornadas Internacionales sobre Ética y Educación», organizadas por la Cátedra UNESCO «Ética y Política», con sede en el Senado de la Nación, y realizadas en Buenos Aires entre el 30 y el 31 de marzo de 2000.
2 Cfr. Colom Cañellas, A. J.: «La calidad de la educación desde la teoría pedagógica y la historia», Bordón, vol. 40, nº 2, pp. 163-175, 1988.
3 Cfr. Llach, J. J., Montoya, S. y Roldán, F.: Educación para todos, IERAL, Buenos Aires, 1999, pp. 419 y ss.
Ibíd., pp. 90 y ss.
5 Esto también lo reconocen Llach y otros al decir: «Es muy importante tener en cuenta que en este tipo de pruebas (principalmente en el área de matemática-ciencias y lengua) sólo se detectan algunas habilidades cognoscitivas de los estudiantes. Quedan totalmente excluidas, en cambio, las capacidades no cognoscitivas, tales como los valores éticos, la motivación, la iniciativa o la valoración del logro...» (Ibíd., p. 94).
6 Esta fuerte correlación entre calidad educativa y factores socioeconómicos, tan señalada en la literatura después de los estudios de Coleman (1966), sin ser absolutamente desmentida fue ciertamente atemperada y redefinida sobre todo en países en desarrollo, tal como el mismo Llach lo señala (Ibíd., p. 102).
7 Llach, J. Jy otros, Op. Cit., p. 94. Se reconoce también aquí la limitación de estos estudios: «Es claro, sin embargo, que dados los objetivos proclamados del sistema educativo, el estudio de estos resultados cualitativos debería incluir también la formación ciudadana, la capacidad de educar a los hijos y el aprendizaje de valores que hacen a la formación integral de las personas humanas. La carencia de estudios sistemáticos acerca de estos aspectos de la educación y, más aún, de su posible influencia en las variables que sí se estudian, es una limitación seria de la literatura de las últimas décadas» (Ibíd, p. 95).
8 Delors, J. y otros: La Educación encierra un tesoro, Informe a la Unesco de la Comisión Internacional sobre Educación para el siglo XXI, Santillana-Ediciones UNESCO, Madrid, 1997, cap. 4, pp. 56 y ss.
9 Así lo afirman Llach y otros, Op. Cit., p. 94: «Sería un grave error, sin embargo, descalificar totalmente a las pruebas estandarizadas en función de sus limitaciones».
10 Cfr. Álvarez, M.: El liderazgo de la calidad total, Ed.Praxis, S.A., Barcelona, 1998, cap. 1; López Rupérez, F.: La gestión de calidad en educación Ed. La Muralla S.A., Madrid, 1997, pp. 39 y ss.
11 Cfr. Shiba, S., Graham, A. y Walden, D.: A new american TQM, Productivity Press, 1993.
12 López Rupérez señala tres valores centrales a modo de «racimos éticos» que acompañan la calidad total empresarial. Estos son la «adhesión personal a un ideal de perfección», la «consideración del otro en tanto que persona» y la «identificación con un proyecto colectivo» cfr. Op. Cit., pp. 63-64.
13 Cfr. Álvarez, M.: Op. Cit., cap. 2, pp. 29 y ss.; véase también el excelente texto de S. Schmelkes Hacia una mejor calidad de nuestras escuelas, Interamer, Washington, 1994, donde se aplican a la vida escolar «las nociones fundamentales de la filosofía de la calidad total» (p. 5, la cursiva es nuestra).
14 Cfr. Schmelkes, S.: Op. Cit., p. 13. Los segundos «beneficiarios» de la escuela son, en terminología americana, los «stakeholders» (los «sustentantes» o «sostenedores») de la misma, como son los «padres, el Mercado y la Sociedad en general» (Cfr. Craig Johnson, E. y Golomski, William A. J.: «Quality concepts in education», TQM Magazine, vol. 11, nº 6, 1999, pp. 467-473).
15 Cfr. Schmelkes, S.: Op. Cit., pp. 31 y ss.
16 Cfr. Ibíd., pp.35 y ss.
17 Cfr. Tedesco, J.C.: El Nuevo Pacto Educativo. Educación, competitividad y ciudadanía en la sociedad moderna, Ed. Grupo Anaya, Madrid, 1995. En esta obra Tedesco, ante las tendencias individualistas del mercado y el centralismo planificador del Estado, propone instaurar la concertación de un nuevo pacto educativo.
18 Un ejemplo de ello son las llamadas «escuelas eficaces», que, sin embargo, han alcanzado logros interesantes. En esa línea una escuela es «eficaz» cuando consigue sus objetivos. Para tal orientación sólo habrá calidad cuando pueda evaluarse el objetivo. Aquí hay una definición «operativa» de calidad. Sólo es verdad lo que puede medirse. El establecimiento de «objetivos», no de «fines» que no podrían evaluarse, es un requisito de la eficacia. Para las escuelas eficaces lo fundamental es la «enseñanza y el aprendizaje», por lo cual la función social o cualesquiera de las otras finalidades que se han adscrito tradicionalmente a la escuela están de más. La escuela será eficaz para esta orientación cuando se dedique a lo suyo, es decir, a enseñar y a aprender, y nada más. cfr. López Rupérez, F.: Op. Cit., pp. 93 y ss.).
19 Cfr. López Rupérez, F.: Op. Cit., pp. 60-63. El ciclo de Deming, en apretada síntesis, implica cuatro operaciones: Planificar, Hacer, Revisar, Actuar (Plan-Do-Check-Act), en continua sucesión hasta alcanzar el objetivo. Es el ciclo PHRA, donde «Planificar significa hacer planes de mejoramiento en las prácticas actuales a partir de datos sólidos. Hacer significa la aplicación del plan. Revisar significa ver si se ha producido la mejoría deseada. Actuar quiere decir prevenir la recurrencia o institucionalizar el mejoramiento como una nueva práctica para mejorarse» (Cfr. Schmelkes, S.: op. cit., p. 66).
20 Cfr. Schmelkes, S.: op. cit., p. 82: «Igualdad es dar lo mismo a todos. Justicia es dar más a los que tienen menos».
21 Años atrás, en 1982, García Hoz introdujo el término «integridad», junto a los de «eficacia» y «coherencia», para caracterizar una de las tres propiedades o rasgos básicos que debía poseer la calidad educativa. En esta perspectiva la «integridad» indicaba el desarrollo de las «aptitudes y posibilidades de cada persona en particular en tanto que individuo inserto en una comunidad» (cfr. García Hoz, V.: Calidad de educación, trabajo y libertad, Ed. Dossat, Madrid, 1982) . En este sentido nuestro concepto de «integridad» es más amplio que el de García Hoz, e incluye a la eficacia la coherencia, a los valores y a los otros aspectos que miran no sólo al educando, sino también a la institución educativa. Nuestra comprensión de la «integridad» ha asumido y sobrepasado la crítica de la calidad total educativa a los enfoques tradicionales de la calidad centrados únicamente en el currículo y en el alumno.
22 Sobre el concepto de «valor» véase nuestro trabajo «Ciudadanía, transformación educativa e imaginario social urbano. La problemática actual de los valores ante el desafío de la regionalización y el impacto de la globalización», Stroinata, año LV, 1999, pp.54-59.
23 Cfr. Jaeger, W.: Paideia, los ideales de la cultura griega, FCE, México, 1957.
24 Cfr. nuestros últimos trabajos sobre este tema: «Imaginario social, trabajo y educación», Stroinata, año LIII (1997), pp. 119-149; «Ciudadanía, transformación educativa e imaginario social urbano. La problemática actual de los valores ante el desafío de la regionalización y el impacto de la globalización», Stroinata, año LV (1999), pp. 53-89.
25 Cfr. Schelkes, M.: «Ética», Revista de Occidente, Madrid, 1941.
26 Cfr. Bertoni, A., Poggi, M. y Teobaldo, M.: Evaluación: Nuevos Significados para una Práctica compleja, Kapelusz, Buenos Aires, 1997.
27 Cfr. Rossi, M. y Grinberg, S.: Proyecto Educativo Institucional. Acuerdos para hacer escuela. Ed. Magisterio del Río de la Plata, Buenos Aires, 1999.
28 Cfr. de la Orden, A.: «La calidad de la educación», Bordón, vol. 41, nº 2, pp. 156-157, 1988.
29 Para la nueva comprensión «constructiva» y no «transmisiva» del saber y el nuevo rol del maestro, veáse Tonucci, F.: ¿Enseñar o aprender? La escuela como investigación quince años después, Ed. Rei Argentina, Buenos Aires, 1992. Para la revalorización actual del maestro, por su sentido de humanidad, calidez y empatía, que no suple el mejor currículo, véase Jaim Etcheverry, G.: La tragedia educativa, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999, pp.156 y ss. Hacia el final de su libro llega a decir: «el éxito en la educación depende de esta relación singular, inexplicable, que se establece entre ellos (el maestro y sus alumnos) en la intimidad del aula» (Ibíd., pp. 214-215).
30 Cfr. Yus, R.: Temas transversales: hacia una nueva escuela, Ed. Graó, 2ª edic., Barcelona, 1998.

11.11.13

El valor de una palabra.

Tiene uno, de vez en cuando, serios debates de salón sobre el actual estado de las cosas en la educación y en la dirección que ésta va tomando cada día. Y tras el agradable fragor del intercambio de palabras e ideas, cuando uno, ya solo y sosegado, se para a reflexionar no puede dejar de dar la razón a esa compañera que dice que no sabe por qué veo tanto cambio si siempre nos hemos movido en las mismas líneas para llegar siempre a los mismos resultados que no son otros que adecuar la base social a las necesidades que en cada momento ha tenido la clase dirigente para seguir en ese estatus.

Bien es verdad que cité como ejemplo la escuela republicana francesa de Jules Ferry y alguna otra más cercana en tiempo y afectos (los MCEP,...) y sin embargo de pronto, como quien es cegado y deja de ver, me encontré un poco sin argumentos. Tal vez había llegado a un punto interior que ya conocía pero al que no quería hacer salir de su recóndito mundo interior. Llevamos toda la vida sirviendo en bandeja a generaciones de ciudadanos y ciudadanas para servir a lo que se demanda o demandará.

Empezaron a tener sentido las explicaciones de mi compañera. Hablamos de educación pero no usamos el mismo código. Algo así como aquello que decía Umberto Romagnoli "No es infrecuente que una palabra tenga los ritmos biológicos de los seres humanos. Nace. Vive. Se enferma y, si no se cura como debiera, muere. El síndrome de la enfermedad que puede aquejarla es fácilmente reconocible: la palabra ya no habla (…)”  Y así, llevamos hablando de educación en paralelo desde el fondo, o casi, de los tiempos, sin que en realidad hablemos de lo mismo, y lo que es peor, no nos hemos dado cuenta que desde hace años el verdadero poder viene dejando señales por todos lados de hacia dónde debe ir "su" educación que nosotros, simplemente, hemos querido ver como "nuestra" educación cuando son ellos los que marcan y ponen los ritmos y límites. Valga como ejemplo esta cita del año 1996: "Doce años de instrucción obligatoria financiados por el estado: he aquí algo que viola todos los principios del capitalismo."  Lesther Thurow.

Y nosotros sin enterarnos.

29.10.13

LOU REED. Cuando un maestro se va.

Porque la educación no sólo está en las aulas...A veces más fuera de ellas.


28.10.13

De docentes esquiroles y "maestros yoyas".

Reflexionando sobre la incidencia de la huelga de enseñanza del pasado Jueves no me reparo en decir que, como en las últimas movilizaciones, la huelga ha sido una huelga de estudiantes (que no asisten al centro escolar) pero no de docentes que sólo en una exigua minoría la secundan.

Vaya desde aquí mi gratitud a esa minoría vocinglera que aún intenta dejar oír su voz, frente a esa mayoría silenciosa (y no copio al presidente del gobierno) que mira hacia otro lado con las excusas más variopintas, y que lleva haciéndolo desde mucho antes de la crisis que parece ser es ahora lo más novedoso a la hora de justificar el quedarse en el centro con los compis mientras alumnado y un puñado de compañeros/as lucha por ellos/as.

Pues bicheando por internet me encuentro con este portal latinoamericano, Colombia Digital, y en el que me aparece esta reflexión de un compañero allende los mares, Álvaro Rodríguez, y que paso a copiar íntegra. Si lo queréis ver en el lugar original este es su enlace.

¿Hasta cuándo los maestros ‘yoya’?

¿Cuál es el papel del docente en la nueva era de la información?
Hace 12 años opté por un camino y por fortuna he tenido la oportunidad en ese recorrido de vivir y compartir experiencias muy interesantes que me han ayudado a discernir, reflexionar, construir y replantear en muchos momentos mi profesión y vocación: ser maestro.
Una vocación que implica una misión muy especial, la de compartir en el aula, en la escuela o desde el espacio donde el docente esté inmerso. Más allá de transmitir conocimiento en una cátedra, el objeto esencial de este oficio es formar integralmente a niños y jóvenes que sean capaces de interpretar sus contextos, de tomar decisiones y luego transformarlas, pero sobre todo brindarles las herramientas que mejoren la calidad de sus vidas y entornos gracias a la creatividad y emprendimiento orientadores.
Durante algunos años el maestro era sumamente valorado por la sociedad y en algunas comunidades era uno de esos personajes que definían, proponían y orientaban a la comunidad. Infortunadamente, con los años y muchas políticas públicas definidas desde los escritorios de Bogotá, donde brilla el desconocimiento del contexto de nuestros municipios y sus realidades, han terminado afectando la dinámica de una profesión que desafortunadamente, cada día está más devaluada a causa del abandono gubernamental, por conformismos y simpleza de algunos profesores.
Independientemente de los errores estatales y la indiferencia de la sociedad, hay un 'cáncer' que está acabando con la docencia y sobre todo con la posibilidad de subir los indicadores (otro mal nacional) de mejoras en la calidad: (son) las prebendas que aún se tiene con algunos maestros. Es lamentable encontrarse con personajes que reciben dos pensiones y con un salario aún en los corredores de nuestras instituciones educativas, simplemente esperando que se cumpla la jornada laboral sin buscar trascender e impactar en los procesos de enseñanza-aprendizaje de sus alumnos.
Algunos de estos docentes (por fortuna se rescatan un puñado de esos pensionados que aman el oficio) están dedicados a retrasar los procesos, vituperar a estudiantes, añorar y defender la pedagogía tradicional restándole espacio a nuevos enfoques, con supuestos estudios y especializaciones que solo se ven reflejados en los cheques mensuales y totalmente impositivos frente a las nacientes posibilidades pedagógicas que el universo educativo ofrece.
Es fácil identificarlos con frases como: "Yo ya me voy a jubilar (por tercera vez)... yo ya me quemé muchos años... yo ya no cambio y yo ya...para todo". Es cierto que ese 'yoyaismo' no es un delito y que sus pensiones las han alcanzado, cobijados por decisiones gubernamentales que no recaen en la ilegalidad y muy seguramente estos pesos mensuales fueron muy bien ganados, pero es lamentable que mantenerlos en la escuela sea perjudicial para los procesos educativos de esta y su quehacer pedagógico.
Qué bueno que el Ministerio de Educación a través de las Secretarías de educación replanteara los beneficios de seguir conservando esos 'pozos de sabiduría' que ya están secos, y por el contrario, les permitan dedicarse a disfrutar de sus merecidas pensiones. Las instituciones y los formandos necesitan de maestros positivos, con actitud, con capacidad de aprender y compartir y sobre todo de enseñar acorde a las necesidades de la sociedad y las herramientas que aparecen a diario.
Ojalá en nuestro sistema educativo encontremos otro tipo de maestro 'yoya', que siempre tenga en su actitud y sus labios la disposición de afirmar: "yo ya quiero trabajar, yo ya quiero aprender y yo ya quiero innovar".

Álvaro Rodríguez
Asesor en proyectos de TIC y educación para el desarrollo social

26.10.13

LOMCEando

Pues eso, tras las movilizaciones de esta semana pasada, aquí ando dejando por todos lados cosas contra esta ley. Espero que al menos nos distraiga del mal rato.

Aquí, más abajo, os dejo este vídeo con un magnífico Cantar de Ciego , un romancero que decimos en Cádiz, que en la más pura tradición literaria castellana nos deja un retrato crítico de la LOMCE.

video






22.10.13

Enlazando desde El Pizarrín.

Ayer, en unas Jornadas de Igualdad se nos descuelga la político de turno y hace referencia a Bolonia (entendmos el famoso y ya casi olvidado Plan Bolonia) como eje vertebrador de la mejora en la eliminación de desigualdades. ¡¡Y se queda tan ancha!!

En fin, os dejo un par de enlaces que creo os pueden ser interesantes. El primero es una artículo de Francisco Muñoz de la Peña publicado en En Marcha con las TIC de Extremadura y que viene a explicar cómo crear Videocuestionarios usando Google Drive. A mí me ha dejado pensando en uno.


En segundo lugar, de Pere Marques, maestro de cabecera en esto de las TICs, os dejo un libro digital sobre Técnicas Didácticas con las TIC.



Espero que os gusten.





17.10.13

A día de hoy...

A día de hoy nada parece haber cambiado. Se ha aprobado un proyecto de ley (que equivale a una ley en las actuales circunstancias parlamentarias) y ya ha venido el opositor de turno a anunciar que se cambiará en cuanto cambien (valga y sirva la redundancia) las tornas. Vamos, como en los últimos treinta años.

Produce una desazón terrible ver cómo nadie parece aprender de los errores propios o de los ajenos. Se extiende por los adentros la tristeza perenne del que ve repetirse una y otra vez la misma historia cual pesadilla circular recurrente en una noche de insomnio. Y siempre la misma pregunta ¿qué hacer?

Hasta ahora, los compañeros y compañeras que conozco han tomado dos caminos. Por un lado han seguido haciendo lo mismo que hacían con normas y leyes anteriores, cambiando el diseño y lenguaje de sus programaciones pero sin que nada alterase el día a día de sus clases. Recuerdo el caso de un compañero que llegaba al centro siempre media hora antes del comienzo de las clases. Subía a su aula y llenaba las dos pizarras de ejercicios, con una letra antigua y agradable. Cuando sus alumnos llegaban, ya sabían que había que copiar y hacer aquellos ejercicios en el cuaderno correspondiente. Cada día un alumno de la clase los copiaba en el cuaderno de clase, que no había variado desde el año 1982, "el del mundial", decía el mismo maestro. Luego el mismo alumno copiaba las soluciones en la pizarra que el resto corregía al compañero.

Y dos horas después el mismo trabajo de otra área. Así día a día, excepto los Lunes que tocaba explicar el trabajo de la semana.

Transcurrieron tres leyes educativas que no pasaron por este compañero ni por sus métodos, sin que a nadie pareciera afectar sino más bien lo contrario. Todo el mundo se sorprendía del estado habitual de silencio y trabajo de las clases de este hombre.

Cuando se jubiló, todo el mundo alabó su profesionalidad, su dedicación, su entrega,...y así le enaltecieron hasta el púlpito de la gloria docente, mientras uno pensaba qué había hecho mal para no entenderlo.

Sin embargo hay otro grupo nutrido de compañeros y compañeras que han optado por la misma técnica, olvidar las leyes, las normas, los decretos, y centrarse en su alumnado, en sus necesidades, en sus posibilidades y en intentar abrirles un mundo ante ellos y ellas, aunque en las programaciones, diarios de clase, etc...el lenguaje haya ido cambiando, básicamente en siglas y nuevas denominaciones más "profesionales" a lo que debiera llamarse por su nombre, aunque sea sencillo y poco adecuado a un lenguaje vacío pero grandielocuente. Y cuando he asistido a sus jubilaciones, lamento decir que no ha habido tanto panegírico, aunque ahí si sabía qué pasaba y qué había hecho mal para tampoco entender que no hubiera alabanzas. A nadie le gusta que alguien se mueva en la foto porque rompe el enfoque global de quien la hace.

16.10.13

Cita antigua.

                Mientras un maestro de escuela debe considerarse completamente fracasado si sus alumnos salen a la vida sin los pertrechos indispensables, lo que significa saber leer, escribir y calcular correctamente, en cambio, un bachillerato que no haya dejado en la memoria de los alumnos indeleblemente grabada para siempre ninguna declinación latina, ninguna fórmula trigonométrica, ninguna especie botánica, podrá ser, sin embargo, un bachillerato eficaz si ha logrado despertar en el alumno la afición por la lectura de obras literarias, el hábito de razonamiento cuidadoso, el amor a la naturaleza y el sentido de la observación, porque, en fin de cuentas, ese imponderable que se llama cultura general no es sino aquello que queda en el espíritu después de haber olvidado todo lo aprendido en el periodo escolar.

Pedro Puig Adam, La Metodología y Didáctica de la Matemática Elemental, 1951

11.10.13

De la LOMCE y los reyes godos

Hoy aparece publicado en Diario de Cádiz, este artículo de opinión del que suscribe. Espero os guste


Dentro de unos años, si contamos con la ayuda de los dibujantes de tebeos, es probable que ese viejo icono de la lista de los reyes godos como el peor trago que se le hacía pasar a un estudiante, sea sustituido por recitar las leyes educativas que desde el ya lejano Plan del 71, hemos tenido en España. Para favorecer vuestra memoria no las citaré, ni pediré que incluya el lector las leyes autonómicas.


Y digo esto porque no hay nada que produzca más desazón que tener que aprender cosas, memorizarlas y plasmarlas luego, ya sea oralmente o por escrito, cuando estas no tienen ningún sentido ni son capaces de sacar a la superficie el más mínimo resquicio de interés por ellas. Valga como ejemplo los "cambios" que se han operado en la educación en los últimos 30 años con todas esas leyes. (Por cierto, ¿ya ha averiguado, amable lector, cuántas?)


Vayamos por partes. El alumnado sigue haciendo filas antes de subir a clase, se sigue usando una sirena o timbre para señalar los distintos tiempos, las clases siguen ordenadas de cara a la pizarra (ahora digital eso sí, aunque no en todas las aulas), la organización del tiempo escolar es decimonónica,  las evaluaciones se siguen haciendo igual que hace 30 años, y así podríamos seguir un rato grande.


Habrá personas que me rebatirán el párrafo anterior con ejemplos reales. Por supuesto que tienen razón. Toda generalización es vana. Sin embargo a lo que me quiero referir es que aunque en papeles, en decretos y normas, en estadísticas, se hable y se reflejen conceptos "nuevos" (entendiendo esta novedad como lo referente esta LOMCE aprobada), ésta no ha calado en el docente de a pie porque no se ha hecho un trabajo previo de análisis (eso de las ideas previas tan útil en el día a día) entre el profesorado de distintos medios socioculturales y de distintos niveles. No ha calado porque en realidad lo que siempre se ha pretendido es dar un "aire" nuevo pero seguir controlando desde el poder lo que se cuece en las aulas, no fuera a ser cosa que se desmadrara y a ver qué salía. Y así se siguen usando métodos, formas, controles, ... iguales a los que usaban los docentes de hace años, aunque sustituyendo la tiza por un pizarrín digital.


Y ahora nos encontramos con una nueva ley, la LOMCE. Lamento decir que tras ver los principios en los que se basa (matizados luego porque "cantaban" muy mucho), me temo que a nivel pedagógico no va a traer nada nuevo, pero a nivel organizativo será un primer paso para el desmantelamiento de una escuela capaz de llegar a cualquier ámbito y capaz de ofrecer oportunidades parecidas (lo de igualdad de oportunidades me parece una utopía en este modelo de sociedad en el que llevamos instalados medio siglo) al alumnado de cualquier medio y nivel.



Y lo peor será que, al igual que la lista de los reyes godos, seguiremos sin saber para qué sirve ni le prestaremos atención aunque sí sabremos cuáles son sus consecuencias. Zipi y Zape, cuando al preguntársela no respondían, perdían algún vale de su bicicleta a plazos y nosotros perderemos nuestro lugar en el mundo porque nuestro castigo, por no conocer la LOMCE, será perder el acceso a una educación pública y gratuita para todos y todas.