8.5.07

Dignidad.


Cada día me digo que las cosas me sorprenderán menos, que he ido adquiriendo un bagaje en estos años de profesión que me ayudarán a poder controlar esas sensaciones que te producen cosas como la actualidad.

En otra entrada, de El Pizarrín, hablaba sobre los hechos ocurridos en un centro muy cercano al mío en el que se había expedientado a dos compañeros por problemas con un determinado grupo de alumnos/as. Pasado un cierto tiempo, escucho en una emisora que la Delegación Provincial ha resuelto readmitir a uno de los profesores pero con un profesor más en clase, dado que este profesor es invidente. La idea, en principio, no me parece mala; el problema viene cuando no se le ha consultado a dicho profesor esta propuesta y sobre todo porque la explicación que se da, por parte de la administración, es cuando menos indignante: SALVAGUARDAR LA DIGNIDAD DEL PROFESOR!!!!!!

Vamos a ver; ¿se pone esta idea encima de la mesa con el resto de los profesores que entran en aulas "problemáticas"?, ¿su dignidad se ve menos ofendida por el hecho de ser videntes o invidentes?, ¿el ser invidente ayuda a que tu dignidad sea ofendida?. NO. Y digo un NO rotundo. La dignidad de cada uno se la gana cada cual en su trabajo diario, en su actitud ante la vida, ante el trabajo, ante uno mismo. La dignidad no te la dan, la ganas y la retienes o la pierdes, pero por tí mismo.

Me viene a la mente, el enorme número de maestros y maestras, profesores y profesoras que cada día luchan con sus armas frente a las continuas razzias de una administración, igual que la nuestra, que trata los problemas de los alumnos y alumnas como simples datos a añadir a la estadística final de curso. Al igual que en nuestras aulas, la educación en minúscula, la del día a día, la del alumno que se sienta junto a la ventana y del que viene sólo a veces, esa que es la de verdad, la nuestra, sobrevive porque los que la desempeñan, saben, creen y apuestan por que lo verdaderamente necesario para esos alumnos es garantizar la dignidad de la escuela, el privilegio de la educación. De no ser por su entrega y su dedicación, por su fuerza y su convencimiento, esos a los que tratan serán, el día de mañana, otros cientos de los analfabetos funcionales más de los que genera el sistema educativo, que no es otro que un tentáculo del capitalismo avanzado, una forma delicada de mantener un sistema educativo que da por supuesto que no puede subvertir el orden establecido, sino tan sólo gestionarlo.

Ante esto, recordad que cada día, casi sin que se note como una macrocifra, la dignidad de todos nosotros, nos la ganamos día a día, sin que para ello la Administración educativa tenga que bombardearnos con su retórica de la diversidad y de la pedagogía activa, las TIC, el acompañamiento, deporte en la escuela o Escuela Espacio de paz, generado por una reforma diseñada en los despachos por los burócratas. Las estadísticas, hechas a la medida de quien las paga, hablarán de las grandes inversiones que el Estado dedica a la enseñanza pública (70 Euros mes máximo por ir tres días más Sábado a organizar competiciones en la escuela, pongo por ejemplo). Sin embargo, sólo hace falta conocer este mundo un poco por dentro: comparar escuelas, comparar servicios, comparar exigencias al profesorado, comparar requisitos de admisión y promoción de estudiantes.

Por eso, muestro mi apoyo a ese compañero que no quiere esa ayuda, porque su dignidad, su esfuerzo le ha llevado a poder ocupar un puesto de docente, como yo, pero él, y sólo él, tiene que ser el que decida cómo su dignidad se salvaguarda. Y la administración y compañeros poner su grano de arena para que ello sea posible. Aunque podríamos procrastinear también en esto, con nuestro silencio cómplice, como casi siempre...

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